Yo creo que, desgraciadamente, los pastores de nuestras iglesias evangélicas, así como ancianos o diáconos en su trabajo pastoral, tienen que enfrentarse con el tema de cómo resolver el tedio en la iglesia, como entretener a sus miembros, de cómo evitar que les llegue el aburrimiento que produce hastío y falta de deseos de acudir a la casa de Dios.
Los pastores temen que sus miembros se aburran y tienen que ingeniárselas para programar actividades de juegos, excursiones, comidas o meriendas, reunir a los que quieran verñ películas y otras actividades lúdicas para entretener al rebaño y que no dejen de asistir a los cultos.
Es un problema curioso y grave que, habiendo tantas y tantas responsabilidades de evangelización, de acción social y preocupación por la projimidad, tantos compromisos tanto de evangelización como de acción social y cultural en los barrios y en el mundo, el tedio cubra a muchos creyentes con un pesado y denso manto negro que los envuelve en el hastío, en el aburrimiento de la práctica del ritual religioso.
Quizás el problema sea éste: Muchos, acostumbrados a la práctica de un ritual que puede llegar a ser tedioso para ellos, permanecen ajenos a los compromisos que deben asumir los seguidores del Maestro.
Están dando la espalda a las problemáticas y al dolor de los hombres. Les faltan compromisos que pueden estar en la línea de los temas éticos, los de ayuda social, de evangelización, de preocupación por los que están hundidos en la infravivienda, los que sufren por la falta de recursos económicos, los enfermos, los solitarios, los oprimidos y débiles del mundo.
En el programa que demanda nuestra espiritualidad cristiana a través de la fe que actúa por el amor, como diría el Apóstol Pablo, no debería haber ningún lugar para el aburrimiento, no debería haber espacio para el tedio. ¡Hay tantas cosas que hacer desde el compromiso cristiano que parece extraño que nos envolvamos dentro de un ritual tedioso!
La solución fácil la encontramos al buscar en la iglesia, intramuros de ella, actividades lúdicas de todo tipo para cubrir ese tedio que ennegrece nuestras conciencias.
La verdad es que hay tantos compromisos que hay que cumplir fuera de las cuatro paredes del templo, que quedarnos intramuros de la iglesia para jugar y evitar el tedio no debería ser tan importante.
El problema está en que hay muchos que se preguntan si las dinámicas del ritual insolidario y ajeno a las problemáticas de un mundo complejo y con mucho sufrimiento da sentido tanto a sus vidas como sus múltiples reuniones, ya sean de ritual o lúdicas.
La verdad es que el cristiano comprometido con el mundo y con el prójimo no se deja devorar ni consumir por el tedio, por el aburrimiento. Prefiere lanzarse al mundo fuera de las cuatro paredes de la iglesia practicando una labor social de projimidad y de evangelización siendo las manos, los pies y la voz del Señor en medio de un mundo de dolor.
Es muy posible que, para muchos, las dinámicas del ritual insolidario ajeno a las problemáticas del mundo como pueden ser la pobreza o el hambre que necesita a gentes que clamen por la reducción de esta gran pobreza en el mundo, así como el racismo, la desigual redistribución de los bienes y servicios en el planeta tierra, temas que dejan a un lado a más de la mitad de la humanidad, les crea cierta sensación de rebeldía y rechazan el tedio poniéndose a trabajar como agentes de liberación del Reino en medio de un mundo de dolor.
Hoy deberíamos rebelarnos contra el tedio y buscar actividades solidarias en la línea de la projimidad que dieran sentido tanto a nuestras vidas como al ritual cúltico.
Leed el libro de Isaías capítulo 1 y otros textos proféticos en donde se rechaza el ritual y las fiestas solemnes ni no van acompañadas de la práctica de la misericordia, de la búsqueda de la justicia y de la defensa de aquellos marginados que se quedan tirados al lado del camino, marginados que son ejemplificados en la Biblia por los huérfanos, las viudas y los extranjeros que hoy representarían a todos los colectivos apaleados del mundo, a los oprimidos y despojados.
Rebeldía ante el tedio, ante el hastío, no sea que nos vuelva sordos ante el grito del prójimo que sufre. ¿Es que, acaso, nuestro tedio y cansancio de rituales y normas nos llevan a ser sordos e inactivos ante los graves problemas de un mundo injusto?
Los religiosos, los que son ajenos al compromiso con el prójimo y que se aburren por no encontrar sentido al ritual cúltico, no están en la línea buena de lo que debe representar en nuestras vidas la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana.
Despertemos todos de nuestras modorras insolidarias que nos lanzan a la negrura del hastío, del aburrimiento, del sinsentido de la vida. Hay tanto campo en el mundo para ser las manos y los pies del Señor, así como para ser sus voceros, que el negro tema del hastío debería estar anulado en la vida de los creyentes.
Quizás es que muchos nos hemos acostumbrado a ser cristianos cómodos. Hay que rebelarse contra ello y tomar conciencia de lo que se nos demanda a los que decimos ser seguidores del Maestro que anduvo por la tierra haciendo bienes.
El tedio y el aburrimiento van en contra del testimonio cristiano en el mundo. El tedio puede vencerse con un espíritu de rebeldía santa que nos ponga a disposición del Señor y del prójimo siendo las manos y los pies del Señor en medio de un mundo de dolor.
El servicio y el compromiso con el prójimo vence al tedio.
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