El título de este artículo podría ser uno de los mensajes de las políticas económicas neoliberales que, desgraciadamente, imperan en el mundo hoy con mensajes antibíblicos en contracultura con los valores cristianos.
Estos valores egoístas y antibíblicos animan, desde el egoísmo humano, a buscar el propio bien sin pensar en los débiles que más nos necesitan y además animan a todos, hombres mujeres —e incluso niños—, a buscar de forma egoísta su propio bien.
La solidaridad y el amor al prójimo o el compartir apenas existe. Lo importante es ser eficaz, materialmente eficaz. Estos valores consumistas y en choque cultural con los valores bíblicos nos animan a acumular y a guardar para nosotros mismos.
Jesús llamó a estos comportamientos con un calificativo especial: “Necios”.
Esta forma de entender la economía nos ordena lo siguiente: Sé suficientemente eficaz para que el objetivo de tu vida sea rendir un amplio beneficio económico para ti mismo.
Parece que el mensaje es: Es lícito, es legal, es bueno acumular y guardar para ti y usarlo como quieras en tu propio beneficio.
La justa redistribución de bienes del planeta tierra, la reducción de la pobreza en el mundo y otros remas solidarios y en relación con la projimidad que nos dejó Jesús les trae sin cuidado a los defensores de estos valores en contracultura con el texto bíblico.
¿Qué es lo bueno para esto necios sistemas de valores? La respuesta es clara: La búsqueda del propio beneficio. Su filosofía insolidaria diría: No os preocupéis de los pobres en el mundo. Lo primero es enriquecernos nosotros porque cuando un sector pequeño del mundo estemos ampliamente enriquecidos rebosaremos riqueza y algo de estos beneficios podrán recaer en los desheredados.
Así, pues, comamos y bebamos sin preocuparnos de lo que, quizás, algún día sucederá como consecuencia de la acumulación de nuestras riquezas.
En cuanto a las políticas se podría decir: ¿Qué sentido tiene la recaudación de impuestos? ¿Qué necedad es esa de aumentar los impuestos a los más ricos?
¿Qué sentido tiene una redistribución de bienes que disminuirían el monto de nuestros almacenes, de nuestras cuentas corrientes? Lo importante es que seamos eficaces en cuanto a la generación de bienes como objetivo personal e individual.
Hay una contraposición enorme entre el amor al prójimo y el culto a la eficacia con el fin de acumular y guardar para uno mismo. El querer ser eficaz de forma egoísta está en contracultura con los valores bíblicos pero, sin embargo, estas ideas pueden entrar también en nuestras iglesias mutilando la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana.
Cuidado con rendir culto a la eficacia con el propósito de tener bienes y servicios sin fin en un mundo con más de media humanidad en pobreza en mayor o menor grado, promoviendo la búsqueda del propio interés egoísta.
Eso es lo contrario al concepto de projimidad de Jesús. Para los valores antibíblicos inhumanos que imperan en el mundo hoy, la ayuda social, el dar de comer al hambriento, la reducción de la pobreza en el mundo y el echar una mano de ayuda a los oprimidos, vulnerables y sufrientes de la tierra va en contra de la eficacia tal y como ellos la consideran desde parámetros totalmente egoístas.
Más aún, el mundo injusto centrado en esta idea de eficacia puede considerar que estos sentimientos de ayuda al prójimo sufriente pueden ser un signo de debilidad que puede perjudicar al mercado injusto tal y como ellos lo entienden.
Quizás el culto a la eficacia sea una forma de “religiosidad” laica, egoísta e injusta que, de forma prepotente, considera débiles a los movimientos cristianos o humanistas que trabajan por una mayor justicia redistributiva en el mundo, por la reducción de la pobreza, del hambre y del sufrimiento de los más desfavorecidos.
La “religiosidad” laica que practica el culto a la eficacia hoy en día no es considerada como problema en el esquema de valores anticristianos en el que el mundo se mueve hoy. Se considera algo prestigioso.
Para acallar las conciencias lo que ocurre es que la pobreza en el mundo realmente no se tiene en cuenta. Se mira para otro lado. Los triunfadores son aquellos capaces de acumular.
La figura del rico en este sistema de valores se ve como algo prestigioso.
Lo único que podemos hacer desde estas líneas es dar una llamada de atención a la iglesia no sea que esa “religiosidad de la eficacia neoliberal” se introduzca por las rendijas de las puertas de nuestras iglesias y acabemos aceptándola como válida. Sería el triunfo de lo oscuro y cavernoso del mal.
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