En momentos en los que el gobierno va a hacer una regulación de unos quinientos mil inmigrantes que ya están dentro de nuestras puertas, quiero hacer una reflexión sobre si nosotros los cristianos debemos hacer una discriminación positiva a estos colectivos que ya están entre nosotros.
Yo creo que nadie dudará que el colectivo de extranjeros dentro de nuestras puertas, los llamados inmigrantes, es un colectivo sufriente que ha pasado por discriminaciones negativas en los trabajos, en los salarios, en la contratación de alquileres de pisos, discriminaciones en torno a la delincuencia que son culpados en tantos y tantos casos de forma injusta, discriminaciones por la percepción negativa de su imagen y características personales de color, cultura, costumbres, religión y otras discriminaciones que se dan en torno a este colectivo discriminado.
Es muy difícil vencer y eliminar todas estas discriminaciones que están en contra de los derechos humanos y en contra de la dignidad de la persona, siendo todos creados a imagen y semejanza de nuestro Creador.
Pregunta: ¿Cómo podríamos los cristianos hacer discriminaciones positivas a este colectivo de extranjeros dentro de nuestras puertas?
La respuesta es clara: Tenemos un modelo a seguir que es Jesús que irrumpe en nuestra historia con nuevos valores que tienden a regenerar la falta de justicia y de misericordia que se da en torno a estas personas estigmatizadas. Sigamos, pues, el modelo del Maestro.
En la Biblia y, especialmente, en el Nuevo Testamento con Jesús en su relación con los extranjeros, razas y etnias, una línea clara de discriminación positiva se da con los samaritanos.
Jesús les da relieve, los pone en el candelero como ejemplo de buenos prójimos en una situación social en la que los judíos ni siquiera hablaban con los samaritanos. Él ve que este grupo de extranjeros samaritanos necesitaban ser rehabilitados, integrados en la sociedad y que su figura se viera resaltada en su mensaje.
Así, si recordamos la narración de los diez leprosos, Jesús enaltece y alaba al samaritano y, además, le da un mensaje de salvación: “Tu fe te ha salvado”. Pone al extranjero como ejemplo de alguien que da gloria a Dios valorando su actitud de agradecimiento al Creador: “¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?
Hay una actitud en Jesús de hacer una discriminación positiva para con los migrantes, los extranjeros, los inmigrantes dentro de nuestras puertas.
No sé si todos los cristianos de hoy son capaces de hacerla. Diríamos que no si pensamos en cómo está el mundo hoy en cuanto a su trato a los migrantes del mundo, a los inmigrantes que están dentro de nuestras ciudades.
Cuando el mundo, los naturales de un país, están dando una imagen degradada de un grupo de seres humanos, Jesús actúa con discriminaciones positivas y poniendo en la palestra pública el hecho de que nadie debe maltratar, robar ni perjudicar la imagen de estos extranjeros que se han unido a nosotros para ser nuevos ciudadanos en igualdad de derechos con los nacionales o naturales de ese país o grupo étnico.
Jesús se fija en los inmigrantes destacando sus elementos positivos y poniéndolos como ejemplo ante una población que los odiaba.
En el fondo Jesús está dando una imagen de acogida, enseñándonos lo que es la acogida al extranjero, al inmigrante dentro de nuestras puertas. Reestructura la imagen de los despreciados, oprimidos y abusados. ¿Tenemos algo que aprender de esto hoy todos sus hijos? ¿Nos está enseñando Jesús a dignificar a las personas, a respetar y tratar bondadosamente a los diferentes? ¿Deducimos de esto que debemos hacer discriminaciones positivas?
Sigamos las líneas de Jesús, resaltemos los aspectos positivos de estas personas, defendamos al extranjero en debilidad, aprendamos a tender una mano de ayuda a tantos y tantos inmigrantes que hay dentro de nuestras puertas.
En muchos aspectos, están ayudando a levantar nuestra economía, nos están dando la oportunidad de que nuestra cultura no sea un círculo cerrado de valores anclados que no evolucionan, una cultura clausa en sí misma y parece que los extranjeros nos invitan a abrir ese círculo y estar en comunión con todo el mundo y sus diferentes culturas, reconstruyendo la figura del otro en su diferencia para favorecer una auténtica integración.
Recordemos la Parábola del Buen Samaritano. Otro ejemplo de discriminación positiva poniendo al extranjero en alto para mostrarlo como buen prójimo a pesar de que fuera un hombre despreciado por los judíos.
Lo pone por encima del sacerdote y del Levita que eran religiosos que daban preferencia al ritual antes que al amor al prójimo que nos necesita.
Discriminación positiva y expresada públicamente para enaltecer al pobre extranjero que está dentro de nuestras puertas. Reestructuró la imagen y la figura del despreciado, del odiado por ser diferente.
Podríamos seguir hablando de otros ejemplos como el encuentro de Jesús con la mujer samaritana. Rompe drásticamente el hecho de que haya separaciones para adorar a Dios. No debe haber un lugar para adorar a Dios en donde se reúnan los nacionales y otro para los extranjeros. A Dios se le adora en Espíritu y en verdad. Abajo todo tipo de diferencia por razones de raza, de cultura, de tradiciones o de situación económica.
Una especie de mandamiento para los cristianos: Reestructuremos la imagen de aquellos que el mal, las estructuras de poder injustas o la falta de projimidad han degradado.
No es fácil la tarea, pero debemos andar en ella sin perder de vista las líneas solidarias que Jesús nos ha dejado en torno a los migrantes de la tierra, a los inmigrantes dentro de nuestras puertas.
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