Partimos de una premisa que creemos que es correcta: No es lo mismo aplicar la legalidad que hacer justicia.
Os quiero contar una pequeña historia ficticia como introducción, una historia imaginaria que he visto sobre este tema de que no es lo mismo aplicar la legalidad que hacer justicia.
Es una reflexión sobre algo que he leído, que estaba entre mis escritos, y que ni siquiera conozco al autor, pero me pareció digna de resaltar. La dedico hoy a todos los desahuciados de España o, en su caso, del mundo.
Haced un esfuerzo de imaginación y pensad que, en España y quizás en cualquier otro país del mundo también, una familia de las muchas desahuciadas en nuestro país presentara una demanda ante el juez por ser una persona excluida de la vivienda, cuando nuestra Constitución, los Derechos Humanos y otras leyes nos dicen que todo hombre tiene derecho a una vivienda digna.
Seguid imaginando y pensad que el juez da trámite a esta demanda. A mí, al menos, me gustaría presenciar este acto jurídico que simplemente lo tenemos por imaginario.
Pensad en un demandante sin techo, desahuciado, pero que conociera y estuviera concienciado sobre las injusticias del mundo.
Suponed que el demandante denunciara a tantos que desequilibran el mundo acumulando muchísimo más de lo necesario y pareciera que casi sin límites, mientras que él no podía tener un techo bajo el que cobijarse.
Que dijera que él también tiene derecho a participar de los bienes y servicios del planeta tierra, pues toda persona tiene derecho en justicia a participar de estos bienes y servicios.
Que presentara ante el juez como pruebas los Derechos Humanos, la propia Biblia que dice uno de sus ayes contra los que acumulan casa a casa y heredad hasta ocuparlo todo, un ejemplar de la Constitución Española y quizás otros textos legales y sociales.
Pregunta: ¿Qué podría hacer el juez? Pues aquí estaría el problema y la clara diferencia que hay entre aplicar la legalidad vigente y el hacer justicia. Está claro: El juez solo podría aplicar la legalidad, no podría en sentido estricto hacer justicia.
Problema: La legalidad no siempre es justa. La conclusión iría en esta línea: Yo puedo aplicar la ley para dar a cada uno lo suyo. Yo no puedo hacer mucho poque tú no tienes nada.
En este mundo hay muchos tipos de legalidades que están dando la espalda a la justicia. Las legalidades pueden excluir a muchos y dejarles ante la más cruel injusticia.
También el problema es que la Declaración de los Derechos Humanos y otras legalidades son propuestas formales pero que no tienen la fuerza suficiente para que los hombres, para que los seres humanos los cumplan.
Lo mismo puede suceder con otros textos legales que se mantienen en el campo de lo formal, declaraciones formales que, desgraciadamente y en el fondo, están dando la espalda a muchos de los desheredados del planeta tierra.
Otra pregunta: Viendo estas legalidades injustas, ¿podría un juez justo que se sintiera tocado por la situación de los sintecho, de los desahuciados, de los privados de vivienda, demandar al mundo por ser injusto? ¡Qué ilusión, qué utopía, que situación incomprensible!
Nadie puede demandar al mundo. No hay en el mundo ningún juez que esté cargado de tanta y tanta justicia, con tanta empatía a favor de los que sufren tantas y tantas injusticias que se atreva a demandar al mundo.
Si esto fuera posible, el número de imputados de todo tipo, ya sean políticos, acumuladores, empresarios injustos, egoístas y tramposos sería casi infinito. Habría que redactar sentencias condenatorias para tantos y tantos poderosos de la tierra que inundarían al mundo entero.
Nosotros hoy, simbólicamente, pero cargados del sentido de verdadera justicia, también de la denuncia y de la búsqueda de justicia bíblica, queremos demandar al mundo.
Lo hacemos ante la historia presente, ante nuestro aquí y ahora del mundo que nos ha tocado vivir, ante los pastores de todas las confesiones religiosas, ante creyentes y ateos, ante toda la humanidad.
No hay justicia para muchos de los habitantes de este planeta, para los más débiles, para muchos enfermos y despojados de los bienes esenciales de la tierra. Muchos textos bonitos que los defienden son solamente formales e ineficaces para hacerles justicia.
Hoy queremos demandar al mundo, aún conscientes de que nuestra voz no tiene el alcance mundial ni logrará cambiar muchas conciencias, pero demandamos a favor de los débiles de la tierra, pero sí hay una cosa importante que hemos de tener en cuenta: Sí hay un juez justo al que puede llegar nuestra demanda, nuestra denuncia, un juez con poder y que conoce todas las situaciones del mundo de forma clara.
Me refiero a Dios, al Dios justo al que los cristianos clamamos continuamente, pero que, a veces, nos olvidamos del prójimo apaleado y tirado al lado del camino. Señor, haz tú justicia.
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