Final de año. Lo pagano y lo inhumano en nuestras fiestas

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

Final de año. Lo pagano y lo inhumano en nuestras fiestas
Final de año. Lo pagano y lo inhumano en nuestras fiestas

Es verdad que muchas veces, tanto los cristianos como los que no lo son, en estas fiestas de Navidad, Nochevieja y Año nuevo, podemos caer en formas de enfrentarnos a tantos festejos no solo de una forma pagana, sino más aún, inhumana.

Podemos caer en los tópicos de las fiestas paganas, las fiestas de invierno de tiempos muy remotos en donde hemos ubicado nuestras fiestas navideñas o de final de año en donde damos rienda suelta al consumo, a las comilonas, las borracheras, orgías y ruidos escandalosos, trasnochando y castigando al cuerpo.

Pues bien, esos no son parámetros cristianos para nuestras celebraciones navideñas y ni siquiera tampoco para las fiestas de final y principio de año, aunque, a veces, podamos caer en ello influidos por los valores antibíblicos que gobiernan el mundo hoy.

Los modelos de festividad y celebración cristiana deben ser mucho más sencillos, pero no solamente mucho más sencillos y discretos, sino que, para no caer en lo inhumano y en pecado contra la projimidad, deberían ser fiestas en donde nos identificáramos, por empatía y amor cristiano, con el dolor y los padecimientos de tantos y tantos otros que no solo no pueden acceder a este tipo de celebración bacanal al uso como tantos y tantos coetáneos nuestros lo celebran, sino que, quizás, haciéndonos reflexionar mucho más en lo que estamos celebrando, no tienen hogar, son personas sin techo con los que Jesús se identifica en su nacimiento naciendo en un pesebre porque no había lugar para él en el mesón del mundo.

¡Qué difícil es en estas fiestas ser conscientes de lo que implica el nacimiento de Jesús sin lugar para él en el mesón de la vida!

Siguiendo estos parámetros, estas celebraciones deberían estar impregnadas de solidaridad para que trabajáramos en pro de la eliminación o reducción de la pobreza en el mundo, para borrar de la faz de la tierra tantas y tantas barreras xenófobas o racistas, eliminar los miedos a abrir los brazos a cualquier persona sea cual sea su etnia, su situación religiosa, su origen o su situación socioeconómica.

El espíritu de la Navidad, el compromiso con el prójimo y el intento de vivir con seriedad la espiritualidad cristiana, nos debería llevar a buscar cumplir con esos parámetros solidarios para con el prójimo en Navidad y también en las otras fiestas que hay a su alrededor como pueden ser la salida y entrada de un nuevo año.

Nuestras celebraciones en estas fechas deben ser humanas, eliminando todo lo que de paganismo o prácticas inhumanas pueda haber en ellas o intenten colarse en medio de nuestras celebraciones.

Lo inhumano es contrario al espíritu navideño y, por extensión, contrario a las otras celebraciones que tenemos en estas fechas.

Es verdad que en muchas personas y en estas fechas navideñas surgen deseos solidarios para con el prójimo apaleado por la vida y que vive en los márgenes de la sociedad.

Eso lo notamos en las Misiones Urbanas de España que trabajan a favor de las personas marginadas y sufrientes, pero creo que deberíamos dar un paso más: Que ese deseo solidario intentando calmar algo de la sed o del hambre de nuestro prójimo sufriente, pase a ser un sentimiento y una acción que desemboque en una búsqueda o clamor por la justicia al estilo profético que también fue el estilo de Jesús.

Clamor por la justicia redistributiva y solidaria en el mundo, por un mejor reparto de los bienes de la tierra que han de ser para todos. De ahí deberíamos pasar a ser la voz y las manos del Señor en medio de un mundo de dolor por amor al prójimo que nos necesita. Evangelio práctico y necesario en el mundo hoy.

¡Fuera el paganismo y lo inhumano de nuestras celebraciones en torno a tiempos navideños y de final y principio de año! Trabajemos por la igualdad entre las personas sin distinción de raza, color, religión o situación económica.

Trabajemos por la eliminación de la pobreza en el mundo, luchemos por la eliminación del hambre que alcanza a unos mil millones de personas hambrientas.

Eso también es Evangelio que deberíamos proclamar con nuestras vidas y acciones, con nuestros compromisos y estilos de vida, con nuestros actos que avalen nuestras palabras evangelizadoras.

Fiestas navideñas con sed de amor que lleguen a ser también un clamor por la justicia en un mundo injusto, desigual y cruel.

Fiestas navideñas y de final y principio de año: Fiestas en donde se dé la igualdad entre los hombres e hijos del pueblo de Dios. Fiestas en donde predomine la forma de ser de Jesús que humano, muy humano, en discrepancia contra todo aquello que sea pagano, inhumano, injusto o cruel.

FELICES FIESTAS DE SALIDA Y PRINCIPIO DE AÑO CON EL RECUERDO DE LAS CELEBRACIONES NAVIDEÑAS.

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