En mis artículos anteriores de una serie sobre la fe y la salud mental, reconocí que los cristianos no solo pueden sufrir en este ámbito, sino que también pueden ser víctimas de un estigma religioso que no los acoge con compasión.
¡Pero esa no es la fe bíblica! Desde el Libro de Job hasta los Salmos y el sufrimiento emocional de sus líderes más destacados, las Escrituras muestran que los cristianos llevan el tesoro del Evangelio en vasos de barro.
Aquí hay cuatro formas en que los creyentes pueden cuidar su salud mental.
Lleva tu sufrimiento a Dios
¡A Dios le encantan las oraciones sinceras! Si Jacob se atrevió a pasar una noche luchando con Dios hasta que fue bendecido, y Jesús tuvo el valor de pedir que le fuera quitada su copa, ¿por qué no puedes hacer lo mismo?
El libro Struggling with God recurre a la imagen de la lucha que Jacob mantuvo durante toda una noche con Dios antes de encontrarse con el hermano al que había traicionado para afirmar que: La resiliencia cristiana […] puede suponer una lucha, pero consiste en tener a Dios con nosotros en medio de nuestras dificultades. Podemos sentir que hemos estado luchando —librando una batalla— con Dios, pero luego descubrimos que hemos sido bendecidos en el proceso. [1]
Por ejemplo, qué consuelo supone encontrar un poema que sea a la vez sincero y cristiano, como el del pastor David Grieve.
Me atrevo, como cristiano, a estar deprimido:
a hacer la confesión herética del descontento,
del malestar y el miedo que no cejan,
yo, que he bebido profundamente de la copa de la conversión.
Sé que no paro de hablar de ello,
pero me niego a ser falsamente feliz,
a fingir, a aplaudir,
cuando la vida es un infierno todo el tiempo.
No quiero que me animen,
que oren por mí, que me den testimonio, que me sermoneen, que me reprendan
como a un desertor.
Pero he mirado
a la cara al Dios trino.
Le he contado mi sombría historia
y, bendito sea, mantuvo la paz
y los ojos abiertos. Él ve
mi sombrío estado. Eso es un consuelo. [2]
Desarrolla una fe madura para afrontar problemas complejos
El trauma, la depresión, la ansiedad y otros problemas de salud mental pueden provocar crisis de fe. Pueden ser crisis intelectuales, que nos llevan a cuestionar la bondad y la providencia de Dios.
Pueden ser crisis emocionales, en las que Dios parece ausente o en las que nuestras emociones están tan agotadas que rezamos sin sentir nada. O pueden ser crisis relacionales, cuando nos decepcionan otras personas o instituciones.
¡Pero no renuncies a Dios! Él conoce tanto la muerte como la resurrección. Camina con nosotros tanto en el valle de la sombra de la muerte como en verdes praderas (Salmo 23).
Es un Salvador que nos acoge con misericordia ante su trono de gracia porque es capaz de «compadecerse de nuestras debilidades» (Hebreos 4:15–16).
Tu crisis de fe puede resultar ser un regalo de Dios que te ayude a superar las interpretaciones simplistas y a desarrollar una comprensión madura del cristianismo.
Los libros escritos por cristianos que han vivido sus penas con Dios, como las Confesiones de Agustín, La caña quebrada de Richard Sibbes y Una pena en observación de C. S. Lewis, contienen consuelo y sabiduría para los momentos de prueba.
Crea una red de apoyo
Cuanto mayor sea tu sufrimiento, más tentado estarás de aislarte y pensar que nadie comprende por lo que estás pasando. Pero es precisamente en los momentos más difíciles de la vida cuando necesitas rodearte de personas que puedan ayudarte de diversas maneras.
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Comunidad espiritual: asegúrate de asistir a la iglesia, saca fuerzas del amor de tus hermanos en la fe y sirve a los demás.
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Atención pastoral: camina bajo la guía de pastores que te acompañen, te aconsejen y te protejan.
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Tratamiento psicológico: busca profesionales especializados en el área más relevante para tu problema.
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Amigos de confianza: puede que no sea prudente compartir tus dificultades con mucha gente, pero cultiva unas pocas amistades cercanas en las que puedas abrirte y orar unos por otros.
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Grupos de apoyo: escuchar a personas que describen dificultades similares a las tuyas te aporta un sentido de identificación, comprensión, consuelo y consejos prácticos.
Practica el amor abnegado
Amar y servir a los demás no es solo parte de la vida cristiana. Te ayudará a superar tu dolor, a darte cuenta de que el mundo sigue girando y a crecer como persona.
El autor de un libro sobre matrimonios afectados por la adicción o las enfermedades mentales describe este tipo de amor abnegado como «una formación avanzada en la semejanza con Cristo». [3]
De manera similar, un gran predicador que sufrió depresión, Charles Spurgeon, enseñó a los jóvenes pastores:
A los hombres buenos se les promete tribulación en este mundo, y los ministros pueden esperar una parte mayor que los demás, para que aprendan a compadecerse del pueblo que sufre con el Señor y así puedan ser pastores idóneos de un rebaño enfermo… Hombres tan maduros como lo son algunos predicadores de edad avanzada difícilmente habrían llegado a serlo si no hubieran sido vaciados de un recipiente a otro y obligados a ver su propio vacío y la vanidad de todas las cosas que les rodean. Gloria a Dios por el horno, el martillo y la lima. El cielo estará tanto más lleno de dicha porque aquí abajo hemos estado llenos de angustia, y la tierra será mejor labrada gracias a nuestro entrenamiento en la escuela de la adversidad. [4]
¿Te gustaría saber más? En los próximos artículos de esta serie, propondré criterios bíblicos para evaluar voces, visiones, sueños e intuiciones inusuales, así como algunos libros excelentes sobre la relación entre la fe y la salud mental.
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Notas
[1] Christopher C. J. Cook, Isabelle Hamley y John Swinson, Struggling with God: Mental Health & Christian Spirituality (SPCK, 2023), 24, 131, 134.
[2] David Grieve, Hope in Dark Places: Poems About Depression and the Christian (Sacristy Press, 2017).
[3] R. Christian Bohlen, Healing the Stormy Marriage: Hope and Help for You When Your Loved One Has Mental Health or Addiction Issues (Carpenter’s Son Publishers, 2021).
[4] Charles H. Spurgeon, Lectures to My Students (Zondervan, 1954), 155, 164.
