Salud mental: del estigma religioso a la compasión de Jesús

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Salud mental: del estigma religioso a la compasión de Jesús
Salud mental: del estigma religioso a la compasión de Jesús

En mi artículo anterior, expliqué que los cristianos no estamos exentos del sufrimiento, ni siquiera en el ámbito de la salud mental. Podemos sentir compasión por quienes libran batallas internas y acogerlos en nuestras iglesias con amor.

Por desgracia, la ignorancia, el estigma y el miedo siguen rodeando el tema de la salud mental. Es difícil admitir la existencia de desafíos que desearíamos que no existieran, especialmente cuando afectan a nuestra forma de pensar y de percibir el mundo.

Y los cristianos pueden ser aún más prejuiciosos, al dar por sentado que los creyentes no sufren en este ámbito, presionando a las personas para que oculten su dolor con el fin de «dar buen testimonio», o asociando de manera simplista el sufrimiento con el pecado y la obra del diablo.

Sus intenciones pueden ser buenas, pero acaban añadiendo culpa y presión religiosa a quienes ya están sufriendo, lo que agrava su dolor.

 

Cuestionar las suposiciones simplistas

La Biblia transforma nuestra comprensión del sufrimiento, ayudándonos a pasar del juicio a la compasión, y de la humillación de quienes sufren a su inclusión en la comunidad de fe.

Por ejemplo, al principio el sacerdote Elí restó importancia al sufrimiento de Ana, pensando que hablaba sola porque estaba ebria. Pero cuando ella le explicó que «He pasado este tiempo orando debido a mi angustia y aflicción», él reconoció su fe y cambió de actitud. «Vete en paz —respondió Elí—. Que el Dios de Israel te conceda lo que has pedido» (1 Samuel 1:12-17).

El Libro de Job cuestiona la correlación simplista entre el sufrimiento y el pecado. Sus amigos enmarcan su dolor en una relación mecánica de causa y efecto para «ayudarle» a salir de él: «Sométete a Dios; ponte en paz con él y volverá a ti la prosperidad» (Job 22:21).

Pero Job reconoce que el sufrimiento humano es mucho más complejo y que sus amigos le estaban haciendo más daño que bien.

«Al amigo que sufre no se le niega la lealtad,
    aunque se haya apartado del temor al Todopoderoso…

Lo mismo pasa con ustedes:
    ¡ven algo espantoso y se asustan!» (Job 6:14, 21).

La anatomía del estigma religioso

La historia bíblica que mejor contrasta el estigma religioso con la compasión de Jesús es la curación del ciego de nacimiento en Juan 9.

Jesús ve esta aflicción como una oportunidad para dar gloria a Dios y devuelve la vista al hombre en sábado (Juan 9:3–6). Pero podemos observar diversas facetas del estigma religioso en las actitudes de los discípulos, los vecinos, los padres del ciego y los fariseos que lo interrogan.

Prejuicio: los discípulos muestran una asociación simplista entre la enfermedad y el pecado cuando le preguntan a Jesús: «Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?» (Juan 9:2).

Y los fariseos no consideran el acto de curación de Jesús como una obra de Dios porque tiene lugar en sábado, diciendo: «Ese hombre no viene de parte de Dios, porque no respeta el sábado» (Juan 9:16a).

Negación: algunos de los vecinos no creen en el milagro. Los fariseos tampoco «no creían que el hombre hubiera sido ciego y ahora viera» (Juan 9:18). Y el mecanismo de la negación se basa en una simplificación excesiva, que divide la realidad en personas y acontecimientos que son «de Dios» o «no de Dios».

División: en lugar de conducir a la gratitud, la curación del ciego divide a sus vecinos: «Unos aseguraban: «Sí, es él». Otros decían: «No es él, sino que se le parece».

Pero él insistía: «Soy yo»» (Juan 9:9). Lo mismo ocurre con los fariseos en relación con Jesús. «Algunos de los fariseos comentaban: «Ese hombre no viene de parte de Dios, porque no respeta el sábado». Otros objetaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes señales?». Y había desacuerdo entre ellos» (Juan 9:16).

Coacción: la incredulidad de los fariseos les lleva a abusar de su autoridad religiosa y a coaccionar al hombre para que rechace los hechos y adapte su perspectiva a su estigma religioso. «Llamaron por segunda vez al que había sido ciego.

«Por segunda vez llamaron los judíos al que había sido ciego y le dijeron: «¡Da gloria a Dios! A nosotros nos consta que ese hombre es pecador»» (Juan 9:24).

Renuncia a la responsabilidad: ante tal presión, los padres del ciego no defienden plenamente a su hijo, pues temen sufrir exclusión religiosa y ser expulsados de la sinagoga (Juan 9:20–23).

Humillación y exclusión religiosa: ante la insistencia del ciego en los hechos —que había nacido ciego y había sido sanado ese mismo día—, los fariseos prefirieron rechazar la realidad antes que replantearse su estigma religioso.

«Entonces lo insultaron y dijeron: «¡Discípulo de ese lo serás tú! ¡Nosotros somos discípulos de Moisés! … Tú, que naciste sumido en pecado, ¿vas a darnos lecciones?» Y lo expulsaron» (Juan 9:28, 34).

Ceguera espiritual: ¿cuál es la moraleja de la historia? ¡El ciego ve, y los fariseos revelan su propia ceguera espiritual! Jesús dijo: «Yo he venido a este mundo para hacer justicia, para que los ciegos vean y los que ven se queden ciegos» (Juan 9:39).

 

Del estigma a la compasión

Esta historia trata sobre la curación de una dolencia física, pero pone de relieve el estigma religioso que, aún hoy, asocia los problemas de salud mental con el pecado, la falta de fe, las maldiciones y la obra del diablo.

Muchas personas que sufren en este ámbito se sienten incomprendidas, juzgadas o presionadas para negar su dolor, especialmente en entornos religiosos.

Al analizar este pasaje bíblico, los autores de Struggling with God: Mental Health & Christian Spirituality afirman:

La historia se refiere a una discapacidad física, pero es representativa de la forma en que funciona el estigma y se adhiere a diversas afecciones. Cuando hablamos de salud mental, muchas personas que luchan con problemas de salud mental relatan experiencias similares a las de este pasaje: se les puede decir que no son lo suficientemente espirituales, que no rezan lo suficiente, que no se esfuerzan lo bastante, que no creen en las cosas correctas o que no tienen suficiente fe; todo lo cual no son más que versiones diferentes de la pregunta de los discípulos: “¿Quién pecó?” ... La teología o la espiritualidad cristianas pueden ayudar a superar esos retos, pero también hay formas en las que pueden complicar la vida. Es necesario identificar y refutar las teologías que limitan y las que refuerzan el estigma. Ya es bastante difícil lidiar con la depresión como para que te digan que se debe a tu falta de fe. El reto que supone la esquizofrenia solo se agrava cuando te dicen que se debe a una influencia demoníaca... Una persona que lucha contra una enfermedad mental puede, de hecho, estar floreciendo en la fe, la esperanza y el amor... La espiritualidad cristiana digna de ese nombre se encuentra luchando con Jesús en Getsemaní y en el Calvario, con la esperanza de participar también en su resurrección. [1]

Los cristianos no estamos exentos de la adversidad, ni siquiera en el ámbito de la salud mental. ¡Pero sufrimos con fe y esperanza, rodeados de personas que nos aman!

Nuestras iglesias deberían ser lugares de acogida, en lugar de lugares de rechazo, coacción y humillación para quienes sufren.

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[1] Christopher C. J. Cook, Isabelle Hamley y John Swinson, Struggling with God: Mental Health & Christian Spirituality (SPCK, 2023), 24, 131, 134.

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