Un Dios del viaje, no solo del destino

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Un Dios del viaje, no solo del destino
Un Dios del viaje, no solo del destino

A menudo estamos tan centrados en los destinos que deseamos alcanzar en la vida que nos perdemos el viaje. Pero nuestro Dios no es solo un Dios de llegadas y finales felices. Él se interesa por todos los capítulos de nuestra vida.

La historia de Jacob nos enseña que los lugares anónimos a lo largo de nuestro viaje pueden convertirse en sitios de sorprendente significado. Cuando lo encontramos en Génesis 28, está huyendo de su familia de origen y se traslada a Harán, donde espera encontrar una esposa y formar su propia familia. Pero en el camino, Jacob tiene un sorprendente encuentro con Dios. Le conmueve tan profundamente que llama a ese lugar Betel, la «casa de Dios».

Quizás aún no hayas llegado al destino deseado en tu vida. Pero la fase de transición en la que te encuentras ahora puede convertirse en el lugar más especial de todos: un lugar de encuentro con Dios. No vivas de la fe de tu juventud ni de tus sueños para el futuro. ¡Dios tiene algo nuevo para ti este año!

En Theology of Hope, Jürgen Moltmann escribe:

«El cristianismo es escatología, es esperanza, es mirar hacia adelante y avanzar, y por lo tanto también es revolucionar y transformar el presente... El creyente no se encuentra en el mediodía de la vida, sino en el amanecer de un nuevo día, en el punto en el que la noche y el día, las cosas que pasan y las cosas que están por venir, se enfrentan entre sí. Por lo tanto, el creyente no se limita a tomar el día tal y como viene, sino que mira más allá del día, hacia las cosas que, según la promesa de aquel que es el creador ex nihilo y resucitador de los muertos, aún están por venir».1

Esto significa que debemos atesorar nuestros encuentros actuales con Dios, pero sin acomodarnos tanto en el presente que perdamos de vista nuestro destino. Aprendemos esta lección de los antepasados de Jacob, ya que su bisabuelo partió de Ur hacia Canaán, pero se estableció en el camino. Por alguna razón, se detuvo a mitad de camino. Su destino final era Canaán, pero se estableció y murió en Harán (Génesis 11:31-32).

Esto significa que el famoso viaje de Abraham hacia Canaán había sido iniciado en realidad por su padre. Abraham honra el objetivo de su padre, pero va más allá y alcanza el destino deseado.

Quizás pienses que aún no has alcanzado tu objetivo y consideres que tu momento actual es solo un lugar de paso. Pero cualquier lugar al azar puede convertirse en tu Betel personal. Y nuestros encuentros con Dios nos ayudan a no quedarnos estancados, sino a impulsarnos hacia adelante.

1 Jürgen Moltmann, Theology of Hope: For the 21st Century (London: SCM Press, 2021), 2, 16. 

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