“—El que recibe en mi nombre a este niño —dijo—, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. Porque el que es más pequeño entre todos ustedes, ese es el más importante” (Lucas 9:48).
El pastor evangélico y Premio Nobel de la Paz, Martin Luther King, anunció en una ocasión: “Hasta que una persona no descubre algo por lo que debe morir, o por lo que puede morir, no sabe realmente cuál es su sentido en la vida”.
Eso es mucho más que una frase para hacernos pensar. Lo importante en nuestra vida no es lo que tenemos o lo que hacemos, sino lo que somos, aquello por lo que vivimos y morimos cada día. Y si es algo en lo que la fuente de la vida (Dios) no está, entonces nuestra vida no tiene sentido. Estamos perdidos.
La Biblia nos enseña que la gracia de Dios es lo único que puede llenar de significado nuestra vida, porque es el amor de Dios el que nos regala nuestra existencia y es el carácter de Dios el que nos sostiene en cada momento. Cuando vivimos en esa gracia y somos capaces de expresarla a todos y ayudar a quienes nos rodean, encontramos nuestro lugar en el mundo, sea cual sea nuestro trabajo, el lugar en el que vivimos, o las posesiones que tenemos.
Esa es la razón por la que el Señor Jesús dijo que el que quiera ser el mayor de todos, debe ser el más pequeño. Cuando nos ofrecemos a nosotros mismos y ayudamos a los demás, sabemos a qué dedicamos nuestra vida y entonces, nuestra vida realmente tiene sentido.
