«Somos siervos inútiles; no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber». (Lucas 17:10)
Hemos leído esa frase del Señor Jesús en muchas ocasiones, pero quizás no la hemos interpretado bien. El Maestro está diciéndonos, por medio de esa parábola, que tenemos que crecer, madurar, tomar decisiones viviendo en la presencia de Dios; que tenemos que llegar a conocerle mejor cada día para vivir de acuerdo con su carácter. La clave es que no debemos ser niños toda la vida, personas que siempre estén esperando que les digan qué deben hacer.
Sí, porque en muchas ocasiones estamos siempre esperando que Dios nos diga lo que podemos o no podemos hacer, como si él nos diera una lista de tareas para el día. Lo que realmente nuestro Padre celestial espera es que vivamos tan cerca de su corazón que el hecho de conocer y hacer lo bueno sea algo normal para nosotros. Dios quiere que crezcamos, que le pidamos sabiduría al Espíritu de Dios para tomar decisiones en su presencia y transformar el mundo. Dios quiere que cada día nos parezcamos más al Señor Jesús y seamos capaces de ayudar a los demás.
Llegar a conocerle y amarle de tal manera que, en muchas ocasiones, ya no tengamos ni que preguntar lo que hay que hacer.
Recibe el contenido de Protestante Digital directamente en tu WhatsApp. Haz clic aquí para unirte.
