“Pues la Escritura dice: «No pongas bozal al buey mientras esté sacando el grano» y «El trabajador tiene derecho a su salario» (1 Timoteo 5:18).
Sin ninguna duda, Mozart fue uno de los mayores genios de la música: miles de personas han ganado muchísimo dinero interpretando sus obras… pero no sé si sabías que él mismo vivió y murió en la más absoluta pobreza; de hecho, una de sus hijas murió de hambre. Mozart daba conciertos en las fiestas de la gente rica, y antes de marcharse, siempre llevaba comida escondida en su abrigo para que él y su familia pudieran comer. Cuando murió, no tenía prácticamente nada; solo quedó su música.
Creo que deberíamos recordar dos detalles trascendentales: en primer lugar, no debería importarnos lo que otras personas piensen de nosotros en cuanto a lo que hacemos, a nuestra creatividad y nuestra imaginación en el trabajo, porque esas son cualidades que Dios nos ha regalado, y debemos disfrutarlas y desarrollarlas independientemente de lo que piensen los demás, y del rendimiento económico que obtengamos.
Por otro lado, necesitamos prestar atención a la otra cara de la moneda: debemos admirar a las personas que tienen talento y ayudarlos, y no permitir que se mueran de hambre, tenemos que vivir de una manera diferente. No podemos alimentar un mundo competitivo como el que conocemos, sino aprender a ver y admirar lo que otras personas puedan hacer, no solo agradeciéndoles su trabajo, sino también ayudándoles si es posible.
Desarrollamos la creatividad y la imaginación que Dios nos ha dado, y vivimos disfrutando y admirando lo que otros hacen. Esa sí es una revolución total.
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