“El Señor ha escogido a Sion; su deseo es hacer de este monte su morada: «Este será para siempre mi lugar de reposo; aquí pondré mi trono, porque así lo deseo” (Salmo 132:13-14).
Dios es omnipresente, por lo tanto, está en todas partes; pero Él mismo nos dice que escogió vivir en Sion para siempre. No está hablando tanto de un lugar exacto al que todos tengamos que ir para encontrarnos con Él, sino de lo que significa realmente Sion: el monte de la gracia, tal como aparece en la Biblia una y otra vez.
El contraste es absoluto con el monte Sinaí, donde Dios le dio a Moisés las tablas de la ley. Si no comprendemos eso, es imposible entender el mensaje del evangelio y aplicarlo en nuestra vida. Demasiadas personas viven todavía en el monte Sinaí, temblando delante de la ley por el miedo de no poder cumplir todo lo que está establecido, sin darse cuenta de que es imposible para nosotros vivir de acuerdo a la ley. De hecho, la ley fue dada precisamente para eso, para que nos diéramos cuenta de nuestra indignidad delante de Dios; pero Él no quiere que vivamos bajo el miedo, sino disfrutando de su gracia.
Esa es la razón por la que Juan en su primera carta (4:16) nos enseña que el amor echa fuera el miedo, y quien tiene miedo no ha sido perfeccionado en el amor y la gracia de Dios, porque esa gracia nos abraza para que vivamos de una manera diferente. No estamos intentando cumplir ciertas normas, sino que disfrutamos del carácter de Dios. Día tras día vivimos de una manera absolutamente impresionante, recibiendo el amor de Dios, y amándole y entregando nuestra vida en sus manos.
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