¿Por qué el evangelio es una buena noticia?

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

¿Por qué el evangelio es una buena noticia?
¿Por qué el evangelio es una buena noticia?

El significado de la palabra evangelio es generalmente bien conocido. Se usa para definir una parte del Nuevo Testamento que conocemos como los cuatro evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Estos son, básicamente, relatos de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.

Lo que no es tan conocido es el significado etimológico de la palabra evangelio. Literalmente, evangelio, significa buenas noticias. Era un vocablo empleado en la Antigüedad para referirse al anuncio de buenas noticias, por ejemplo, la victoria de un ejército sobre sus enemigos.

Pero, ¿por qué el evangelio es una buena noticia? ¿por qué los evangelios son una buena noticia¿ o ¿Por qué escoger esa palabra evangelio con su significado de buenas noticias para referirse a Jesucristo?

Habría muchas respuestas que se podrían dar a esa pregunta. Sin embargo, una de las más relevantes en nuestros días es la que nos proporciona Isaías 40.9,10:

Súbete a un monte encumbrado,

tú que traes buenas nuevas a Sión.

Alza luego con fuerza tu voz,

tú que traes buenas nuevas a Jerusalén.

Alza tu voz sin miedo,

di a las ciudades de Judá: 

'Aquí tenéis a vuestro Dios'.

Aquí llega con fuerza el Señor Dios;

su brazo le proporciona poder.

Aquí llega acompañado de su salario,

su recompensa le abre camino.

(Versión La Palabra)

De entrada, hemos de notar que el texto en griego de Isaías conocido como la Septuaginta (LXX) emplea la palabra evangelio para traducir el término hebreo para heraldo de buenas noticias o buenas nuevas.

Este es un tema reiterado por Isaías, por ejemplo en Isaías 52.7-10:

“¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: Tu Dios reina! ¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sion. Cantad alabanzas, alegraos juntamente, soledades de Jerusalén; porque Jehová ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido. Jehová desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro”.

Isaías escribió estas palabras en el siglo VIII antes de Cristo. En su profecía, Isaías anunció a los judíos que, por sus pecados contra Dios, serían llevados en cautividad a Babilonia, pero que regresarían de esa cautividad por la misericordia divina.

Dios usaría a un gobernante persa con ese fin “Yo, el que despierta la palabra de su siervo, y cumple el consejo de sus mensajeros; que dice a Jerusalén: Serás habitada; y a las ciudades de Judá: Reconstruidas serán, y sus ruinas reedificaré … que dice de Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás edificada; y al templo: Serás fundado”, Isaías 44.26,28.

Pero a Isaías le interesa subrayar que esa obra llevaría el sello de Dios mismo, sería una obra divina. Es impactante como lo explica tan solo afirma que “Aquí está vuestro Dios”, Isaías 40.9. Ese Dios suyo, además, aparecería investido de poder: “Aquí llega con fuerza el Señor Dios; su brazo le proporciona poder”. Estas son las buenas noticias para Isaías, su evangelio.

Es decir, podemos afirmar que, para Isaías, el evangelio es una buena noticia por dos razones: porque el Evangelio es Dios mismo, “'Aquí tenéis a vuestro Dios”, v 9 y, porque el evangelio es el poder de Dios para salvación, como lo expresa el final del versículo 10: “Llega ya el Señor con poder,sometiéndolo todo con la fuerza de su brazo. Trae a su pueblo después de haberlo rescatado”. ( Versión Dios Habla Hoy)

Y es que el regreso del exilio, la liberación de la cautividad babilónica, por la voluntad y poder de Dios, usando como instrumento a Ciro el persa, funciona en Isaías igualmente como una ilustración de la salvación del pecado, de su culpa, presencia y consecuencias.

Como detalla más adelante en su profecía: “ Acuérdate de estas cosas, oh Jacob, e Israel, porque mi siervo eres. Yo te formé, siervo mío eres tú; Israel, no me olvides. Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí. Cantad loores, oh cielos, porque Jehová lo hizo; gritad con júbilo, profundidades de la tierra; prorrumpid, montes, en alabanza; bosque, y todo árbol que en él está; porque Jehová redimió a Jacob, y en Israel será glorificado”, Isaías 44.21-23.

De entrada, notemos que el evangelio es Dios mismo: “Ved aquí al Dios vuestro”, dice el profeta. O como lo puso Isaías anteriormente: “ He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí.”, Isaías 12.2. ¡Dios mismo es nuestra salvación!

Estas aseveraciones de Isaías nos recuerdan el comienzo de la epístola de Pablo a los romanos:

“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos”, Romanos 1.1.4.

El evangelio es de Dios, escribe Pablo, es decir, procede de El, es su propia idea, podríamos decir, pero, es mucho más: el evangelio es Dios mismo, pues Pablo inmediatamente añade que el evangelio es Dios mismo viniendo a nosotros ¡en la Persona de Jesucristo!

Lo que ya había sido profetizado de antemano por un hombre como Isaías, se ha cumplido en Jesús de Nazaret, “nacido de mujer y nacido bajo la ley”, (Gálatas 4.4) Es Emanuel, el Dios con nosotros de Isaías (Isaías 7.14 y 8.10)

El evangelio es la Persona de Cristo, anunciado de anticipadamente en todo el Antiguo Testamento, Dios encarnado y resucitado. Dios es el evangelio, y, por tanto, para Isaías como para Pablo, el evangelismo, el anuncio del evangelio, la evangelización es teocéntrica o no lo es: “Aquí tenéis a vuestro Dios, ved aquí al Dios vuestro”.

Evangelizar es presentar a Dios mismo en Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado. Esta proclamación de Dios, de nuestro Dios, es lo que hace que podamos levantar la voz con confianza como exhorta Isaías a hacer al pueblo posteriormente: “Por amor de Sion no callaré, y por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha”, Isaías 62.1.

Evangelizar es presentar a Dios tal y como aparece revelado en las Escrituras. Es presentar a Adonai JWHW, al Señor Dios (Isaías 40.10). Por esto mismo es urgente anunciar que no hay bendición aparte de Dios: Dios es la bendición.

El evangelio no consiste en ofrecer bendiciones de parte de Dios sin Dios; sino a Dios, y con El, tendremos todas las bendiciones que Dios mismo estime que necesitamos.

La salvación que trae el evangelio, pues, es entablar esa relación con Dios que la Escritura llama conocerle: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”, Juan 17.3.

Pero, en segundo lugar, el evangelio es una buena noticia porque ese Dios es un Dios de poder: “Aquí llega con fuerza el Señor Dios; su brazo le proporciona poder”, v 10. Este es el tema que se reitera en todas las Escrituras y, en particular, en Isaías.

De hecho, lo va a desarrollar más ampliamente desde el versículo 12 de este capítulo 40 hasta el 31. El evangelio es una buena noticia porque nosotros somos impotentes e incapaces de salvarnos a nosotros mismos.

Al igual que el pueblo en Egipto, bajo la tiranía de Faraón, o en Babilonia, en el exilio, no podían librarse de su cautividad, así nosotros no podemos librarnos de Satanás, de nuestra carne y de la influencia del mundo.

El estado de ser humano antes de su salvación es presentado por Pablo como uno de absoluta impotencia espiritual:

“Tiempo hubo en que vuestras culpas y pecados os mantenían en estado de muerte. Era el tiempo en que seguíais los torcidos caminos de este mundo y las directrices del que está al frente de las fuerzas invisibles del mal, de ese espíritu que al presente actúa con eficacia entre quienes se hallan en rebeldía contra Dios. Así vivíamos también todos nosotros en el pasado: sometidos a nuestras desordenadas apetencias humanas, obedientes a esos desordenados impulsos del instinto y de la imaginación, y destinados por nuestra condición a experimentar, como los demás, la ira de Dios”, Efesios 2.1-3 (Versión la Palabra).

Pablo señala como somos incapaces de oponernos efectivamente a nuestros tres enemigos: la carne, el mundo y el diablo. Es un estado de perdición aquel en el que nos encontramos por naturaleza, “sin esperanza y sin Dios en este mundo”, Efesios 2.12.

Estamos bajo la justa ira de Dios. Pero, en este mismo pasaje, Pablo desvela que lo que es imposible para nosotros es posible para Dios y esto por su pura gracia:

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”, Efesios 2.4-9.

Y es esa gracia la que nos proporciona el poder de Dios para ser salvos. Por eso, Pablo, en su epístola a los romanos, sigue a Isaías, pues revela que el evangelio es el poder de Dios para salvación:

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.”, Romanos 1.16,17.

Como anticipa Isaías en su profecía: “Aquí llega con fuerza el Señor Dios;su brazo le proporciona poder”. Solo en Cristo hay poder para salvación. Solo El Padre puede librarnos del poder de las tinieblas y trasladarnos al reino de su Amado Hijo “en quién tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”, Colosenses 1.14.

En la parte final del versículo 10, Isaías reitera que ese poder será eficaz, cumplirá con el propósito divino de salvar a su pueblo: “Aquí llega acompañado de su salario, su recompensa le abre camino”. Como lo expresa el final del versículo 10 (en la versión Dios Habla Hoy) : “Trae a su pueblo después de haberlo rescatado”. (Dios Habla Hoy)

Esa recompensa es su rebaño, su pueblo: “He aquí que Jehová hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija de Sion: He aquí viene tu Salvador; he aquí su recompensa con él, y delante de él su obra. Y les llamarán Pueblo Santo, Redimidos de Jehová; y a ti te llamarán Ciudad Deseada, no desamparada.”, Isaías 62.11,12.

Como dice igualmente en Isaías 53.1: “verá de la aflicción de su alma y quedará satisfecho”.

Ese poder de Dios es el que hace la diferencia. Nuestra salvación es segura, pues depende de Él completamente. En modo alguno descansa en nosotros:

“¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: Tu Dios reina! ¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sion. Cantad alabanzas, alegraos juntamente, soledades de Jerusalén; porque Jehová ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido. Jehová desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro”, Isaías 52.7-10.

¿Conoces el poder del evangelio en tu vida? ¿lo has experimentado? Si clamas a El, reconociendo tu indignidad e impotencia, lo experimentarás y serás salvo.

Jesús dijo: “Al que a mí viene, yo no lo echo fuera”, Juan 6.37. ¿Confías en este poder de Dios cuando presentas el evangelio a otros?

Recuerda que el evangelio no es un mensaje impotente a la espera de la respuesta del hombre al mismo para ser salvo, sino que es el mensaje que asegura la respuesta del pueblo de Dios al mismo.

Y esto precisamente porque el evangelio es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primeramente, pero también al griego. Y todo esto porque Dios vino a estar con nosotros en Cristo Jesús. Sobre la base de su sacrificio en la cruz, la sangre de Cristo tiene poder para salvarnos, para librarnos de la ira venidera (1ª Tesalonicenses 1.10).

¿Eres salvo?¡Solo Dios puede salvarte y ha prometido hacerlo si acudes arrepentido al Señor! Recuerda que ¡solo el evangelio es el poder de Dios para salvación!

Estas son las buenas noticias del evangelio: Dios en Cristo tiene poder para salvarnos. Por eso, el evangelio es una buena noticia, la mejor noticia que es Dios mismo.

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