Nuestra respuesta a la pasión de Cristo

| Fuente: protestantedigital.com/rss/opinion

Nuestra respuesta a la pasión de Cristo
Nuestra respuesta a la pasión de Cristo

Si hay un pasaje que enseña con extraordinaria nitidez el sentido de la muerte de Jesús, ese es, sin duda alguna, Isaías 53. Y es que este texto, al que se conoce como tercer Cántico del Siervo del Señor, escrito aproximadamente ocho siglos antes de la venida de Cristo al mundo, revela, como pocos otros, la obra de la redención.

Esto es lo que redactó el llamado profeta evangélico:

“Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”, Isaías 53.2-12

En este fragmento, tenemos lo que el profesor escocés de Teología John Murray denominó la redención consumada, es decir, la necesidad, la naturaleza, la perfección y el alcance de la salvación efectuada por el Señor Jesucristo al morir como propiciación por nuestros pecados.

Son muchos los que están familiarizados con Isaías 53, pero no son tantos los que han reflexionado sobre lo que sigue, en nuestras versiones lo que conocemos como el capítulo 54 de Isaías. He aquí los primeros versículos:

“Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová. 2. Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. 3. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas. 4. No temas, pues no serás confundida; y no te avergüences, porque no serás afrentada, sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria. 5. Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado”, Isaías 54.1-5.

Uno de aquellos que si lo hizo, fue Guillermo Carey, conocido como el padre de las modernas misiones cristianas. El que fuera misionero en la India usó los versículos dos y tres de esta pasaje como su texto para un sermón que predicó en la Capilla Bautista de Nottingham, en Inglaterra, el 31 de mayo de 1792.

Los puntos de su mensaje si son bien conocidos: Intenta grandes cosas para Dios, espera grandes cosas de Dios. Posiblemente, no exista mejor resumen de lo que enseña Isaías aquí que estas frases de Carey.

Y, aunque no exista posibilidad alguna de mejorar lo que afirmó este gran misionero sobre Isaías 54, si me gustaría que pudiéramos apreciar en estos versículos la respuesta que la iglesia debe dar ante ante la gloria, los logros y la magnitud de la obra de Cristo a su favor.

En primer lugar, somos llamados a alegrarnos. Isaías usa tres modos de expresión aquí: nos exhorta a regocijarnos, a cantar, y a dar voces de júbilo. Esta reiteración tan solo recalca que estamos ante la única contestación adecuada ante la obra de la salvación efectuada por el Señor Jesús.

La razón es que la redención es un hecho consumado frente a la que no cabe otra reacción. El gozo implica el aprecio por esa obra de expiación por nuestro pecado.

El júbilo señala también que es una obra a la que nada podemos contribuir, pues es gratuita, tan solo nos resta alegrarnos. La satisfacción que rindió Jesús a la justicia divina por su obra en la cruz es perfecta, por lo que solo nos queda cantar.

Y es que Dios no tiene nada contra nosotros, todo ha sido pagado por el Señor, su sangre nos ha limpiado de nuestro pecado por la fe en El. El regocijo al que somos convocados se basa directamente en el anuncio de la realidad de esa salvación sobrenatural.

La alusión a la desamparada que hace el texto y en contraste con la casada, nos recuerda a Sara que fue madre de ese modo maravilloso (Génesis 18.10-15) Pero el grito de júbilo recuerda asimismo lo que Israel hizo tras ser liberado de Egipto y después de la derrota del ejército egipcio en el Mar Rojo.

El cántico de Moisés y de María, sería así el primer Salmo, no que forme parte del Salterio, sino como base o modelo para todo el Salterio, el texto de Éxodo 15, versículos 1 y 2:

“Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al Señor, y dijeron: Cantaré al Señor, porque ha triunfado gloriosamente; al caballo y a su jinete los ha arrojado al mar. El Señor es mi fuerza y mi cántico, y él ha sido mi salvación; él es mi Dios, y le prepararé una morada; el Dios de mi Padre, y lo exaltaré”.

No es entonces sin razón que la alabanza sea parte esencial del culto a Dios. Y lo es precisamente porque al rendir esa adoración al Señor, reconocemos que la salvación de Dios es por la sola gracia suya en Jesucristo.

La culminación de la alabanza, lo que conocemos como las doxologías, subrayan lo que resalta el nombre de mismo profeta Isaías, a saber, que Yahveh es salvación, que solo Dios nos da salvación. Y lo hace de una manera gratuita por causa de Aquel que pagó por nuestros pecados en la cruz.

“Después de su sufrimiento, verá la luz y quedará satisfecho; por su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos, y cargará con las iniquidades de ellos. Por lo tanto, le daré un puesto entre los grandes, y repartirá el botín con los fuertes, porque derramó su vida hasta la muerte, y fue contado entre los transgresores. Cargó con el pecado de muchos, e intercedió por los pecadores.”, Isaías 53.11,12

Celebramos y exaltamos, pues, al Señor Jesucristo por la certeza de la salvación para todos aquellos que invocan el nombre del Señor.

Pero, en segundo lugar, se nos llama a dar cabida, a hacer sitio para tal congregación de almas: “Agranda tu tienda de campaña, extiende sin miedo el toldo bajo el cual vives; alarga las cuerdas, clava bien las estacas, porque te vas a extender a derecha e izquierda; tus descendientes conquistarán muchas naciones y poblarán las ciudades ahora desiertas. No tengas miedo, no quedarás en ridículo; no te insultarán ni tendrás de qué avergonzarte. Olvidarás la vergüenza de tu juventud y no te acordarás más de la deshonra de tu viudez, porque tu creador te tomará por esposa. Su nombre es Señor todopoderoso; tu Redentor es el Dios Santo de Israel, el Dios de toda la tierra.”, Isaías 54.2-5.

La razón es igualmente clara, hay una promesa de que se extenderán… poseerán y poblarán; irrumpirán, heredarán, habitarán los lugares desolados. En otras palabras, precisamente porque Dios no puede mentir, lo proclamado por Él, sucederá.

En Isaías, en concreto, se anuncia de antemano que, debido al regreso del cautiverio en Babilonia, el pueblo deberá prepararse para ello, haciendo hueco para los que retornan. Esta vuelta fue inesperada, una exclusiva obra divina.

Pero este cumplimiento no era todo lo que profetizó Isaías. De hecho, se estaba profetizando algo mucho más glorioso, se anunciaba igualmente la extensión universal del Evangelio hasta los confines de la tierra. Algo que hemos visto acontecer en nuestros días de un modo extraordinario. Lo cual, por otro lado, ya fue predicho por el mismo Señor Jesús: “Y esta buena noticia del reino será anunciada en todo el mundo, para que todas las naciones la conozcan; entonces vendrá el fin”, Mateo 24.14.

En este capítulo 54, estaríamos, pues, ante una versión isaítica de la Gran Comisión: “Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”, Mateo 28.16-20.

Y es que obedecemos a la gran comisión del Señor precisamente porque estamos persuadidos de que en el Cielo habrá una gran multitud, la cual nadie puede contar: “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” y que estarán “delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos” y clamarán “a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero”, Apocalipsis 7.9,10.

Por tanto, nuestra respuesta a la obra de redención de Cristo es la proclamación de que, por causa de ella, hay una salvación completa de todos nuestros pecados y de sus terribles consecuencias en la Persona del Señor Jesucristo. Hay perdón de pecados y vida eterna en Cristo. Por ello, anuncia este mensaje de reconciliación a todos, esa es tu respuesta a su obra de salvación.

En consecuencia, y como Isaías, podemos instar al mundo a apropiarse de la Persona de Jesús como su Señor y Salvador. Como lo expresa Isaías:

“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David. He aquí que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones. He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti, por causa de Jehová tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado. Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”, Isaías 55.1-7. Y lo hacemos con gran júbilo, pues es aquello que demanda Dios de nosotros y que nace igualmente de nuestro corazón agradecido por su salvación: “En aquel día dirás: Cantaré a ti, oh Jehová; pues aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado. He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí. Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación. Y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido. Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel”, Isaías 12.1-6.

Recibe el contenido de Protestante Digital directamente en tu WhatsApp. Haz clic aquí para unirte.​

¿Te gustaría ver tu marca aquí?

Anúnciate con Nosotros