Hace apenas unas horas nos ha dejado Juan Máximo Hombre, hijo de Carmen Hombre Ponzoa, la primera víctima represaliada por su condición de protestante reconocida oficialmente como tal por el Gobierno de España, un reconocimiento histórico que hizo justicia, aunque demasiado tarde, a una historia de sufrimiento silenciada durante décadas.
El día que conocí a Juan quedé profundamente impresionado. Escuchar su historia de labios de quien la había vivido marcó para siempre mi memoria. Juan fue, en cierto modo, una doble víctima: primero, porque una guerra injusta le arrebató a sus padres cuando apenas era un niño; después, porque durante demasiados años tuvo que soportar el pesado silencio impuesto por el miedo, el olvido y el conformismo colectivo.
La historia de sus padres, Juan Máximo Salazar y Carmen Hombre Ponzoa, estremece todavía hoy. Ambos fueron fusilados. Carmen, además, estaba embarazada de ocho meses cuando fue ejecutada.
Antes de aquel terrible desenlace fue ingresada en el hospital junto a su pequeño hijo Juan. Allí, alguien tomó una decisión que cambiaría su destino para siempre: le administró un somnífero al niño y, simulando su muerte, logró sacarlo oculto en un ataúd para salvarle la vida.
Juan se estableció en Rabat, donde desarrolló una brillante trayectoria como ingeniero, más tarde fue profesor universitario. Nunca olvidaré el día en que recibió la llamada del Gobierno de España para comunicarle que sus padres iban a ser oficialmente reconocidos como víctimas represaliadas por su condición de protestantes. Me confesó su hija que pasó el día entero llorando abrazado a una foto de sus padres, después de tantos años, veía por fin reconocida públicamente la dignidad de sus padres.
Este reconocimiento, el primero que el Gobierno de España realizaba a una persona represaliada por su fe protestante, tuvo sus raíces en dos momentos fundamentales. El primero, un encuentro con el secretario de Memoria Democrática con representantes de la AEE (Alianza Evangélica Española): Xesús Manuel Suárez, Eva Sierra, Pedro Tarquis y un servidor; en el que surgió la historia de Carmen Hombre. El segundo un curso de verano realizado en la Facultad de Teología de Asambleas de Dios en La Carlota (Córdoba), organizado por la propia Facultad junto a la AEE, en el que se consolidó la oportunidad de reconocerla en el evento antes mencionado.
A ese acto de justicia se han ido sumando otros gestos profundamente significativos. El primero en la ciudad de Jerez de la Frontera, que dio el nombre de Carmen Hombre Ponzoa a una de sus calles, rescatando para la memoria colectiva el nombre de una mujer fiel a sus convicciones
También desde el año 2014 se establecieron los premios "Carmen Hombre Ponzoa" en el ámbito educativo, premiando a los centros públicos que fomenten valores como la solidaridad y la tolerancia.
Desde el año 2024 el gobierno de España, a través de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, inauguró la primera edición de los cursos de verano "Carmen Hombre Ponzoa”.
A nivel personal, tuve también el privilegio de asistir al acto en el que el presidente del Gobierno entregó a su nieta, Carmen, el documento acreditativo de ese reconocimiento. En aquel lugar se encontraban familiares de Blas Infante, de Miguel Hernández y de tantas otras víctimas de la represión. Y allí estaban también, ocupando el lugar que la historia les había negado durante tanto tiempo, Juan Máximo Salazar y Carmen Hombre Ponzoa, cuyo siniestro parte de armas afirmaba que ella había sido vista con el puño en alto difundiendo sus «ideas disolventes».
Sin embargo, si tuviera que conservar un único recuerdo de Juan, no sería aquel acto oficial. Me quedaría con una de las conversaciones de mayor carga emocional que he vivido. Después de contarme que había conocido personalmente a los descendientes de quienes se apropiaron de los negocios de sus padres en Jerez, me confesó que, mirándolos a los ojos, había decidido perdonarlos y así se lo expresó, rechazando una compensación importante y expresando que Dios “le había dado mucho más”. Con lágrimas en los ojos me preguntó: Simoni, ¿crees que hice bien? A lo que no pude responderle otra cosa: lo ha hecho muy bien, Juan.
Hoy nos deja Juan Máximo Hombre. Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo conservaremos para siempre el recuerdo de su humanidad, su nobleza y su extraordinaria capacidad para seguir creyendo en el bien, incluso después de haber conocido lo peor del ser humano. Descansa en paz, querido amigo Juan.
