Oliver tiene 13 años, y la mayoría de la gente le conoce como Ollie. Pasa gran parte de su tiempo libre conectado a Internet jugando, hablando con amigos y navegando por TikTok.
Sus padres han empezado a hablarle sobre el tiempo que pasa frente a la pantalla porque, a diferencia de su hermano menor, está conectado casi todo el tiempo. Ollie les escucha, asiente con la cabeza y les dice que no se preocupen porque tiene todo bajo control.
Ollie se siente libre cuando está conectado. Después del colegio, bromea con sus amigos, juega y comparte memes. Incluso ha pensado en crear su propio canal de streaming.
Pero últimamente ha empezado a darse cuenta de algo más. Cuando gana una partida o recibe muchos “me gusta”, su estado de ánimo mejora. Cuando no obtiene respuesta a un mensaje o cuando su feed se llena de influencers con vidas aparentemente perfectas, su estado de ánimo empeora.
Ollie no está desconectado.
Se está formando.
Y, aunque para algunos no lo parezca, Ollie es un buen ejemplo de cómo es la Generación Alfa.
Formados por la tecnología, moldeados a través de las relaciones
La Generación Alpha es la primera generación que crece en un mundo completamente digital y moldeado por la inteligencia artificial. La tecnología no solo les afecta, sino que les moldea de manera significativa.
Desde muy temprana edad, los algoritmos aprenden lo que les gusta. Las plataformas les recompensan por su atención. La inteligencia artificial controla cada vez más lo que ven, con lo que juegan y lo que consideran normal.
La formación se produce de forma silenciosa y continua, a través de entornos de juego, bucles de retroalimentación en las redes sociales y comparaciones constantes.
[destacate]Aunque pasan mucho tiempo conectados, no quieren más contenido, sino conectar con otras personas.[/destacate]Los jóvenes recurren cada vez más a las señales emocionales, como los “me gusta”, las victorias y el silencio, para determinar qué es valioso, qué es importante y qué es exitoso.
Y, sin embargo, esta es la principal paradoja: la Generación Alfa sigue siendo profundamente relacional.
Aunque pasan mucho tiempo conectados a Internet, no quieren más contenido, sino conectar con otras personas.
Son muy sensibles a la presencia, la aceptación y la seguridad emocional. Prestan atención a quién les escucha, quién entiende su mundo y quién está dispuesto a explorarlo con curiosidad en lugar de con miedo.
La tecnología moldea su forma de pensar y sentir.
Las relaciones moldean quiénes llegan a ser.
Por qué el hogar sigue siendo importante
En este contexto, el hogar es un lugar importante para establecer relaciones, no como competidor de la tecnología, sino como lugar para conectar con los demás.
Los padres no necesitan ser expertos en inteligencia artificial o redes sociales para que la generación Alpha tenga éxito. Lo que más necesitan son adultos que estén presentes, atentos y emocionalmente disponibles, dispuestos a hablar sobre lo que ocurre en Internet, cómo se sienten y por qué es importante.
Muchos padres cristianos no saben cómo hacerlo bien. Están criando a sus hijos en un mundo diferente al que ellos conocieron debido a las nuevas tecnologías.
Quieren transmitir su fe y sus valores de una manera que sea real y no forzada. Saben que la formación comienza temprano, pero no siempre tienen las palabras, la confianza o el apoyo que necesitan.
Aquí es donde los líderes de jóvenes desempeñan un papel estratégico.
Los líderes juveniles como traductores y formadores
[destacate]Más que organizar programas, los líderes son traductores entre mundos[/destacate]En la era de la inteligencia artificial y la formación digital, los líderes juveniles ya no son solo organizadores de programas. Se están convirtiendo más bien en traductores entre mundos, ayudando a los padres a comprender cómo se están formando sus hijos online y ayudando a los jóvenes a comprender la fe como algo basado en las relaciones y relevante.
En lugar de sustituir a los padres, los líderes juveniles se encuentran en una posición única para ayudarles y apoyarles, proporcionándoles información sobre la cultura digital, nombrando las dinámicas emocionales que surgen en la vida online y fomentando prácticas relacionales en el hogar, donde se pueden explorar de forma natural cuestiones de significado, identidad y fe.
Cuando los padres se sienten apoyados en lugar de juzgados, y cuando las iglesias ayudan a las familias con humildad y comprensión, la formación es más sólida donde realmente importa: en las relaciones cotidianas.
Basado en la investigación
Este artículo se basa en la investigación global de OneHope sobre la formación de los niños y jóvenes de hoy en día, incluyendo su investigación sobre la Generación Alfa y los estudios sobre la Cultura Juvenil Global (GYC).
En conjunto, estos estudios exploran cómo la vida digital, las relaciones y las primeras experiencias moldean los resultados a largo plazo.
Se pueden encontrar más investigaciones y publicaciones aquí.
También se pueden encontrar reflexiones relacionadas en el próximo libro de Dave Boden, Raising Gen Alpha (Criando a la generación Alpha), que saldrá a la venta en abril de 2026. El libro analiza las fuerzas culturales, tecnológicas y relacionales que están moldeando a esta generación.
Es momento para actuar
Ollie no está perdido.
Está prestando atención.
La generación Alfa se está formando ahora, antes y más rápido que nunca. La tecnología moldea sus vidas, pero las relaciones siguen dándoles sentido.
La pregunta para los líderes juveniles no es si actuar, sino cuándo, de qué manera y con qué grado de colaboración lo haremos, empezando por casa, con el apoyo de las iglesias y la fuerza de la colaboración.
Jo Haaijer, directora europea de OneHope, apoya a iglesias y ministerios de toda Europa para que acerquen la Palabra de Dios a los niños y jóvenes de forma significativa y relevante.
Nota editorial
Oliver (“Ollie”) es un personaje ficticio basado en los resultados agregados de la investigación Generation Alpha de OneHope. Los nombres y los detalles contextuales se han adaptado para reflejar el entorno del Reino Unido.
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