Cristianismo, redes sociales y espiritualidad

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Cristianismo, redes sociales y espiritualidad
Cristianismo, redes sociales y espiritualidad

En los últimos años, especialmente en redes sociales, han aparecido muchos perfiles de personas que se presentan como cristianas, pero cuyo mensaje mezcla el cristianismo con espiritualidad alternativa, leyes de atracción, energías, prosperidad económica y, en muchos casos, la venta de cursos o programas “transformadores”.

Pero, como el algoritmo detecte cierto interés, la llegada de estos mensajes pasa a ser exponencial.

Es cierto que estamos viendo un impulso cristiano en medios de comunicación, acentuándose en las redes sociales. Cantantes, actores, 'influencers',... comienzan a hablar de la espiritualidad, de Dios y de transformación. Deseo que sea así, de verdad, pero como todos sabemos sólo Dios conoce nuestro corazón, y siempre habrán personas que intenten llegar a nosotros para otros fines usando nuestros intereses.

Creo que es buen momento para hacer una pausa y reflexionar sobre los mensajes que nos están llegando y alumbrarlos a la luz de la Palabra.

El cristianismo no es una suma de ideas que se adaptan a lo que nos resulta cómodo o rentable, ni son para hacernos “sentir bien”. El centro del mensaje cristiano es Cristo: su vida, su muerte y su resurrección para la salvación del pecador. No es el “yo”, ni el éxito personal, ni la prosperidad económica, ni el bienestar emocional como fin último.

Cuando el mensaje gira alrededor de: “Atrae lo que deseas”, “Declara y recibirás riqueza”, “Desbloquea tu propósito con este curso” o “Conecta con tu energía interior” en lugar de: arrepentimiento, gracia, dependencia de Dios, esperanza,... entonces ya no estamos hablando del evangelio, sino de otra cosa disfrazada de lenguaje cristiano.

El problema no es usar redes sociales, ni hablar de crecimiento personal, ni siquiera ofrecer formación. El problema aparece cuando se usa a Jesús como un recurso más para vender bienestar, éxito o dinero.

El evangelio no promete una vida fácil ni una prosperidad constante. Promete algo mucho más profundo: una vida transformada, una relación real con Dios y esperanza incluso en medio del sufrimiento.

Jesús no llamó a sus seguidores a “manifestar” sus sueños, sino a negarse a sí mismos, tomar su cruz y seguirle. No ofreció cursos 'premium', ofreció su vida.

Por eso, ante este tipo de mensajes es bueno que nos preguntemos:

·    ¿Esto apunta a Cristo o a mí?

·    ¿Esto me lleva a depender de Dios o de una técnica?

·    ¿Habla de la cruz o el éxito?

En estos momentos, las redes sociales pueden ser una herramienta preciosa para compartir fe, verdad y esperanza, ya que llegan a muchas personas, pero nunca deberían convertirse en un mercado donde el evangelio se diluye para ser más atractivo, confunda o nos desvíe del camino.

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