Nació en Ciudad Real como hija de americanos, pero a los pocos años se mudaron a Madrid donde creció. Su infancia fue relativamente normal: criada en la iglesia, con amigos tanto dentro como fuera y muchas actividades de voluntariado. Tras terminar la secundaria se dedicó a terminar el conservatorio, luego estudió diseño gráfico y después de trabajar unos años partió a California, para asistir a la Escuela Bíblica, donde estuvo tres años.
Después de la Escuela Bíblica volvió a España, y al año me invitaron a llevar la alabanza a Guatemala donde conoció a Chisco, quien es ahora su marido. Llevan nueve años casados durante los cuales han servido al Señor “en todo lo que ha hecho falta”.
Pregunta.- ¿Cómo fue tu experiencia de conversión? ¿Hubo una crisis, una búsqueda o fue un proceso progresivo?
Respuesta.- A los trece años tuve un encuentro muy fuerte con el Señor. Al haberme criado en una casa de creyentes, tenía claro que hasta los dieciocho años tenía que ir a la iglesia como actividad familiar y aunque sabía que Dios existía y había sentido su presencia, tenía muchas dudas acerca de su carácter y de si realmente necesitaba conocerle.
La verdad es que “la religión” me parecía mucho trabajo y muy aburrido y asumí que en algún momento podría tirar por mi propio camino. Sin embargo a los trece años en un momento de alabanza tuve una visión de Dios en toda su santidad. Vi una luz enorme en un trono y era más blanco que cualquier blanco que he vuelto a ver, fue entonces que entendí que Él era santo y que yo estaba sucia por mi orgullo, prepotencia y pecado. Entendí que necesitaba desesperadamente a un salvador y me rendí por completo.
Era muy tarde por la noche y tras entregarme a Él, fui a dormir, sin embargo me acuerdo vívidamente lo que sucedió al día siguiente: me desperté y era como si alguien hubiese encendido el mundo de blanco y negro a todo color y 3D, la gente se veía guapísima y de repente quería servir y amar a todo el mundo. Llevaba años intentando ser “buena persona” en mi fuerzas y ahora lo difícil se hizo fácil.
Desde entonces y hasta este momento ha habido situaciones más difíciles y fáciles, pero nunca le he dado la espalda al Señor. Él ha sido fiel y es mi ancla en todo momento.
P.- ¿Cómo fue tu llamado pastoral?
R.- Cuando nos propusieron pastorear yo fui bastante reticente, no estaba segura de que era lo que Dios quería y francamente no me parecía un trabajo muy emocionante. Sin embargo Chisco, mi marido lo tenía clarísimo, tenía una palabra de Dios y un sentir y le dije que le seguiría.
Pasaron unos nueve meses y estábamos en un retiro de pastores en Málaga cuando sentí el susurro de Dios invitándome a no solo seguir a mi marido, sino a decir un “sí” rotundo en mi corazón.
P.- ¿Se sobreentiende entonces que estás de acuerdo con el ministerio pastoral de la mujer?
R.- Si, de hecho nuestra iglesia fue pastoreada por una mujer durante muchos años y como iglesia trabajamos en equipo. Aunque mi marido y yo somos los pastores, somos parte de un increíble equipo pastoral compuesto por hombres y mujeres.
P.- ¿Cómo has vivido tu proceso como mujer en el ministerio? ¿Cómo ves a las iglesias evangélicas en este sentido del ministerio de la mujer?
R.- En el círculo cristiano en el que me he criado y en el que he crecido en mi fe nunca he sentido una diferencia entre el ministerio del hombre y de la mujer. Creo que ambos géneros tienen mucho que dar y son necesarios.
La gente necesita padres espirituales en la fe, pero también necesita madres. Las iglesias necesitan escuchar un punto de vista masculino, pero también necesitan escuchar un punto de vista femenino.
P.- ¿Cuál es tu visión pastoral?
R.- Nuestra visión es hacer discípulos a través de relaciones en grupos pequeños. Llevamos casi cuatro años pastoreando y desde el primer momento que tomamos la iglesia sentimos que era un tiempo para un odre nuevo.
Dios se había movido de maneras poderosas en los años previos en la iglesia pero sentíamos que era el tiempo de quitar muchas actividades de iglesia y remangarnos, no como líderes ni como institución sino como indivíduos dentro de la congregación, para ser intencionales con relacionarnos con la gente a nuestro alrededor y compartir nuestra fe.
P.- ¿Cómo es la dinámica entre tú y tu esposo pastoreando?
R.- Como iglesia mi marido y yo nos delegamos diferentes responsabilidades y luego nos “rendimos cuentas” uno al otro, finalmente llevamos todo al equipo pastoral para asegurarnos de que vamos en la dirección correcta y para escuchar la perspectiva de los otros miembros del equipo que representan diferentes generaciones y que han estado presentes en otras etapas de la iglesia.
P.- ¿Cómo percibes la Iglesia en España en este momento histórico?
R.- Creemos firmemente que estamos viviendo un tiempo de cosecha en la que muchísima gente está llegando a los pies del Señor: es un tiempo de echar las redes para recoger los pescados y limpiar los peces y esa es nuestra visión: que cada persona de la iglesia local entienda su lugar en la Gran Comisión y no se conforme hasta llevar a cabo este mandato.
P.- ¿Qué fortalezas ves en la Iglesia actual? ¿Qué áreas necesitan reforma o renovación?
R.- Durante las últimas décadas la iglesia protestante en España ha tenido un tiempo para establecerse tanto legalmente como socialmente. Ha pasado de ser visto como algo ajeno y desconocido a una institución o religión aceptada y, por lo general, de buen renombre. Esto permite que los miembros de las iglesias puedan “echar las redes” de manera intencional y relacional sin tanta preocupación por los prejuicios que puedan tener aquellas personas de su entorno.
En mi opinión una de las áreas que necesitan reforma es en la visión. Durante décadas la iglesia en España ha crecido en gran parte, gracias a los extranjeros, esto ha hecho que muchas iglesias acepten el reto de crear comunidad para aquellos que están en situaciones vulnerables y de “ser familia” para aquellos que quizás no tenían familia aquí ¿Cuál es el problema con esto? que muchas iglesias han acabado siendo instituciones encargadas de actividades sociales para crear esta comunidad y familia, dejando a un lado el verdadero mandato: hacer discípulos y llevar a cabo la gran comisión.
Aquí es donde tenemos la invitación a reformar: dejar de hacer tantas actividades (que han sido buenas y pueden todavía ser de bendición) para enfocarnos en lo verdaderamente prioritario.
P.- ¿Cómo ves a la generación joven hoy y que visión tienes para ellos? ¿Crees que hay hambre espiritual real en esta generación?
R.- Creo que la generación de jóvenes se está levantando en un tiempo clave: un tiempo en el que hay una nueva inquietud espiritual entre los jóvenes y universitarios. Es un tiempo crucial para compartir nuestra fe y llegar a la necesidad emocional de esta generación: hay mucha soledad y una gran necesidad de “algo real” en un mundo tan superficial.
#A1c#
P.- ¿Qué papel jugó la música en tu camino espiritual?
R.- La música para mí fue mi refugio. Aunque me crie en una familia cristiana, cuando tuve dieciséis años mi padre pasó por una gran crisis de fe que le acabó apartando del Señor y que le causó dejar a mi madre: simplemente no se veía casado con una mujer que creyese en Jesús.
Esto fue un momento muy complicado para todos como familia y por lo tanto también para mí como persona. Fue en este tiempo que la música se volvió mi lugar seguro. El piano (y la adoración al Señor) fue la torre a la cual corrí en un momento de necesidad.
A lo largo de los años, ha continuado siendo así, cuando pasan cosas que no entiendo y momentos complejos, es posible que tarde semanas, meses o incluso años en procesarlo y aterrizar lo que siento, pero siempre acabo aterrizando esos pensamientos y sentimientos delante de las teclas de un piano.
P.- ¿Qué es para ti y cómo vives la adoración a través de la música?
R.- La adoración es mi manera de volcar mi corazón al Señor.
P.- De las canciones que has compuesto, ¿cuál destacarías, por lo que haya significado para ti?
R.- Cada reto o momento complejo de la vida ha causado una canción, no hay ni un solo momento difícil que no haya producido una composición musical. Puedo pensar en momentos de silencio de Dios y correr a “Cantas sobre mí”, pienso en un momento en el cual me sentía excluida y sola y me viene a la cabeza “Tú llenas todo”, o por ejemplo el viaje de infertilidad e intentar ser papás que hemos vivido mi esposo y yo ha producido “Esperaré” y “Descansaré en su poder”.
Por otro lado, ha habido canciones que han salido de mi interior por las necesidades que he visto en la gente que estaba pastoreando: “Subiré” es una llamada a esta generación a no conformarse con una experiencia mística sino “subir la montaña” para conocer a Dios mismo, “Lo viejo queda atrás” sale de ministrar en un campamento mientras los jóvenes dejaban su vieja vida y daban un paso por Jesús…. cada canción tiene una historia y el anhelo de que esa melodía e historia transciendan a la vida de cada oyente.
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