“Todopoderoso”: el poder, la oración y el verdadero sentido de la fe
Existen películas que nos hacen reir, llorar y meditar, como es el caso de “TODOPODEROSO”, el film de Tom Shadyac, protagonizado ni más ni menos que por el mismo Jim Carrey, una de las figuras de la comedia más destacadas y originales de finales de siglo XX y principios del siglo XXI, con un mensaje que parece penetrar hasta el más incrédulo.
Si bien esta película del 2003 no pertenece a la categoría de “cine cristiano”, es una obra ideal para poder extraer enseñanzas para nuestra vida espiritual y confrontarnos con desafíos de nuestro camino en la fe.
Aclaramos que este film no es para niños, por lo que si estás leyendo esta nota y querés compartirla con tus hijos, te recomendamos verla antes para tomar precauciones. La película no tiene escenas explícitamente obscenas, pero puede tener algunos chistes u humores que recomendamos revisar por un adulto.
Aún así, como toda historia, tiene un mensaje detrás que nos interpela y que nos lleva a pensar en nuestra vida como, esposos, amigos, empleados e hijos.
Sinópsis de Todopoderoso
La película Todopoderoso sigue la historia de Bruce Nolan, un periodista frustrado que siente que su vida no avanza como quisiera. Cansado de los problemas cotidianos y convencido de que Dios no lo escucha, Bruce explota en quejas… hasta que recibe una respuesta inesperada.

Dios —interpretado por Morgan Freeman— decide concederle sus poderes por un tiempo, para que experimente lo que significa estar en Su lugar. Al principio, Bruce usa estas habilidades para beneficio personal y situaciones superficiales, pero pronto descubre que tener poder absoluto conlleva una gran responsabilidad, especialmente cuando se trata de las vidas y decisiones de los demás.

A lo largo de la historia, la película combina comedia y reflexión para plantear preguntas sobre la fe, el propósito y la importancia de confiar en Dios incluso en medio de la frustración.
Análisis Cristocéntrico de Todopoderoso
Antes de comenzar a analizar esta película, te recomendamos verla completa, ya que la idea de esta reseña, como siempre, es sumar a la interpretación de quién la ve y no condicionar esa interpretación, ya que esto también puede ser muy personal.
Vamos a tomar algunos puntos importantes a tener en cuenta sobre la historia:
- 1- Bruce busca el éxito en la fama, el reconocimiento y el estatus, minimizando el trabajo manual, o trabajo “sucio”, ya que eso es a lo que se dedicaba su padre.
- 2- Un “sin hogar” aparece repetidas veces en la película con carteles que dicen frases como “La vida es justa.” y “¿Eres ciego?»

- 3- Bruce culpa a Dios de que la vida no es como él pretende que sea.
- 4- A pesar de que su esposa lo admira y lo ama, su lenguaje constante es la queja, y esto ocasiona un problema en su relación.
- 5- Dios se presenta en tres figuras: La primera como un personal de limpieza y mantenimiento, una labor sacrificada y agotadora. La segunda personificación es la de un electricista que arregla una luz que encandila, para luego mostrarse como Dios, con su traje blanco. Casualmente, tres figuras que encontramos en Dios. Cristo, quien vino al mundo como un carpintero, con un trabajo normal, alejado de todo estatus y quien se encargó de “limpiar” los pecados del mundo; El Espíritu Santo como aquél electricista que ilumina, trae luz y claridad y que nos presenta por último al Padre, quien en Su soberanía gobierna.
6- Bruce le promete a Dios que a las 7 del día 7 lo ayudaría a limpiar.
En base a estos puntos podemos analizar algunas escenas, pero sin dudas la más importante y que engloba a la película es la última.
Bruce es convocado por un número misterioso que lo cita en un edificio llamado “omnipresente”. Al entrar, se encuentra con un encargado de limpieza. Este le dice que para llegar al jefe debe subir las escaleras. Con esto comienza un aprendizaje, para conocer a Dios es necesario salir de la comodidad.

Apenas sube se encuentra con el mismo hombre de la entrada y este estaba arreglando una luz. Al acercarse, Bruce se encandila y al suceder esto, este hombre le dice “la luz suele ser muy fuerte para quienes viven en constante oscuridad”.

Esta escena es tan reveladora que nos muestra que esa persona era el mismo Dios.
Bruce es un hombre que aún está buscando en la dirección equivocada, pero Dios lo desafía a que tome su lugar. Esto parece ser su sueño hecho realidad. Todo sus deseos ahora son ordenes para el mundo.
Acá vemos al hombre como Dios, pero sin ser Dios. Una persona con poderes divinos pero con naturaleza adámica. Y es aquí en donde el film plantea, ¿Son los poderes lo que hacen a Dios o el mismo Dios?
Pensémoslo así, Bruce puede intentar imitar a Dios y hasta intentar decir “Sí” a todos los pedidos de oraciones del mundo, pero no es Dios, simplemente nunca podrá serlo, ya que en su naturaleza prima el egoísmo, la necedad y el tesoro terrenal más grande: el reconocimiento de los demás.
En cambio, el Dios que se le presenta la primera vez, es un simple conserje de limpieza. Alguien que no ostenta su poder y que se muestra simple y sencillo.
La trama comienza a complicarse cuando Bruce se da cuenta de que todo se le fue de las manos, los cambios y acciones que hizo con el poder infinito tuvieron repercusiones negativas, problemas en el mundo pero por sobre todo con su esposa.
En su deseo por querer recuperar su amor, intenta hacer algo que deja expuesta la carne y la intención del corazón humano: cambiar el libre albedrío.
Pero, como habíamos leído anteriormente, “la vida es justa”, esa es la justicia de Dios. El decidió que su propia creación hecha a imagen y semejanza de Él elija por su propio medio el camino el cual seguir. Esto no modifica el accionar de Dios. Hagamos lo que hagamos, Él habita en “el edificio de la OMNIPRESENCIA” y sigue siendo el Señor, tomemos la decisión que tomemos.
Cuando Bruce ve que no puede cambiar el libre albedrío de su esposa Grace, se frustra, y aún más cuando ve que la oración que hace ella hacia Dios es: “quiero olvidarlo.”
Cuando Bruce acude en desesperación a Dios en su edificio OMNIPRESENTE y corre a buscar la luz, esta está apagada. Hasta que aparece el encargado de limpieza y le recuerda que tenía una cita pactada para el día 7 a las 7. Casualmente el número 7 representa en la Biblia perfección, plenitud, totalidad y cumplimiento divino.
Cuando ya nada queda, limpiar un piso ya no parece mala idea. Lo que Bruce consideraba un trabajo menor, absurdo y poco importante, ahora era vital para su vida. Necesitaba limpiarse y poner en orden todo a su alrededor.

El trabajo manual ahora era lo único que quedaba, habiendo tocado fondo, trapear parecía una buena idea, como cuando decidimos, perdonar, pedir perdón, decir “te amo”, escuchar, no juzgar y demás acciones que nos llevan a vivir en vulnerabilidad.
Una vez que termina de limpiar, la luz aparece, revela y trae alegría.
Bruce está deseando que su esposa vuelva a amarlo, pero es imposible. Él espera un milagro.
Ahora bien, en este punto la película plantea:
¿Qué es un milagro?
La excelente interpretación de Morgan Freeman nos deja ver lo que Dios quiere transmitirnos. En confrontación a Bruce, Dios le dice que abrir una sopa en dos no es un milagro, aunque sea sorprendente, pero un verdadero milagro va más allá de algo sorprendente, va en lo simple. En una madre que teniendo dos trabajos aún puede compartir tiempo con sus hijos, un jóven que puede decirle no a las drogas.
Dios le dice que ellos tienen el poder de decidir, de acudir a Dios, de renunciar a su propia carne. Por otro lado, una frase clave que Dios le dice a Bruce, es que en vez de esperar un milágro, que él sea el milágro.
Y llegamos a la escena más importante de toda esta película. La escena de la oración.

En un terrible choque, Bruce parece ir al cielo y se reencuentra con Dios, este le pide que ore y Bruce hace un rezo sistemático de repetición, pero cuando Dios le pregunta lo que realmente quiere, Bruce se quiebra y dice el nombre de su esposa “Grace”. Pero mediante sus ojos se penetran en Dios, este le pregunta “¿Quieres que vuelva?” y Bruce responde “No”. Y avanza diciendo “Quiero que ella sea feliz, sin importar lo que implique”, mientras sus ojos se humedecen más, continúa diciendo: “quiero que encuentre a alguien que la trate con todo el amor que no consiguió conmigo, que se enamore de un hombre que la distinga a diario igual que yo ahora…” y añade la última frase clave “…con tus ojos”.
Dios le responde “Esa es una oración”.
Este momento es vital para la película. La oración se convierte en válida cuando no es por nuestros propios intereses, sino por el otro. Despojándonos de nosotros mismos, con el clamor de ver a los otros con los ojos de Dios.
Vivimos orando para poner a Dios a nuestro servicio. Buscamos pedir para sentirnos satisfechos y completos, pero las Escrituras nos enseñan que cuando pedimos con malas intenciones, para satisfacer nuestras propias pasiones, no estamos hablando de una oración, son palabras de la carne.
Bruce ya no busca su propio beneficio. Literalmente fue “Todopoderoso”, pero no fue feliz. Él único que podía hacerlo feliz era el mismo Señor.
El edificio al cual asistía era su propia mente, en la que Dios habitaba. Pero ahora, estaba limpio, la luz del Espíritu brilla y el Señor camina habitando en plenitud con sus ropas blancas.

El final de Bruce termina mejor de lo que esperaba. Ahora, con el trabajo que antes odiaba y ahora ama, es capaz de agradecer, de vivir y ver con los ojos de Dios. Y Grace está con él.
La película hace un guiño final mostrándonos el mundo distinto ahora que Bruce ve a través de otros ojos y el vagabundo que varias veces apareció en la película tiene el rostro de Dios. Lo vil, lo menospreciado tiene la mirada de Dios, si sabemos encontrarla.
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