¿Por qué nos caemos? Sobre las caídas y legados: Un análisis de la escena de Batman Inicia
Allá por el comienzo de los 2000, el cine de superhéroes estaba comenzando a impactar fuertemente con películas como Hulk, Spiderman, Los 4 Fantásticos, X Men, entre otras. Algunas tuvieron mucho éxito y crearon fanáticos que las admiran como piezas originales y particulares.
“Batman Inicia” de 2005 se consagró como una de las mejores adaptaciones cinematográficas del justiciero murciélago, superando para algunos a las películas del mismo Tim Burton. Pero este film traía consigo otra temática. No solamente un superhéroe que deseaba justicia, sino que más bien planteaba y examinaba en profundidad los conceptos de la maldad y la bondad.

No se trataba de luchar para destruir villanos, sino para salvar una ciudad totalmente destruida por la corrupción y el vandalismo. Es aquí cuando el millonario Bruce Wayne decide volver a Ciudad Gótica, luego de un largo viaje prófugo que desarrolló al máximo sus habilidades y lo convirtieron en un luchador experto, y decide idear su plan para volver, retomar el control de las grandes compañías de su padre, para construir el personaje de niño rico que le serviría como máscara para cubrir al héroe de negro que por las noches salvaría a la ciudad.
Pero en particular hay una escena en esta obra de Christopher Nolan que nos hace pensar. En un momento de la película podemos ver al Bruce Wayne de pequeño que cayó en un pozo y fue rescatado por su padre, quien descendió al pozo y le extendió su mano para poder salir, en una escena que refleja la importancia de aprender a levantarse.
Mientras llevaba a su hijo en brazos, adolorido y lesionado por la caída, el padre le dice “¿Por qué caemos, Bruce? Para aprender a levantarnos”, mientras le dice esto, el mayordomo Alfred lo acompaña caminando.
Una frase que termina siendo el corazón del mensaje de la película.

La trama avanza. Bruce crece, se convierte en Batman y todo parece desmoronarse. La Mansión Wayne, construida por su familia, ahora era cenizas y Bruce herido, cargado por Alfred, decide escapar por el mismo pozo por el que había caído de chico, ya que este ahora era la entrada a su “Bati Cueva”, viendo cómo todo aquello que conocía parecía derrumbarse.
Alfred consigue introducir a Bruce en el montacargas y logran bajar a toda velocidad, viendo cómo por fuera del pozo las llamaradas de fuego arrasan y parecen acabar no solo con el legado de su familia, sino también con la esperanza.
“¿Qué he hecho, Alfred?”, pregunta Bruce Wayne, “Todo lo que mi familia forjó…”, dejando ver la culpa y frustración que lo consumían.
Alfred, examinando la herida de Bruce, le responde: “Su legado es más que muros y techos, señor”. Una frase que redefine completamente qué significa realmente dejar un legado.
“Pretendía salvar Ciudad Gótica y fallé”, exclama Bruce entristecido, sintiendo el peso de haber decepcionado a todos.
Podemos detenernos un segundo en esta escena y pensar en varios puntos. Uno de ellos es: ¿estamos intentando seguir la dirección a la que Dios nos encamina o estamos intentando continuar lo que otros empezaron?
EL LEGADO
Muchas veces nos dejamos enamorar y familiarizarnos con esos “techos y muros” en los que nos encontramos o en los que nos formamos. Como por ejemplo, una congregación, la casa de nuestros padres o incluso lugares educativos en los que hemos sido instruidos y nuestro carácter se formó.

Otras veces no se trata de lugares físicos, sino también mentales, como estructuras de pensamientos, de comportamientos, de gustos, de estilos, como lo pueden ser profesiones de nuestros antepasados, títulos o actividades, y en base a ellos construimos lo que llamamos un “legado”.
Muchos toman esta palabra como una responsabilidad, y bien lo hacen, ya que se trata también de cuidar tradiciones, cultura y visiones que corresponden a lo que Cristo instaló en generaciones anteriores y hoy sigue usando para edificar a su iglesia.
Pero ¿qué pasa cuando nuestro camino de fe nos lleva por otro lado?
Somos hijos de pastores y Dios no nos pone en un cargo pastoral o de liderazgo. Nuestros padres son empresarios que Dios usó para llevar bendición a los demás y a través de los negocios poder asistir a muchos ministerios o aportar económicamente al Reino, pero quizás no tenemos el talento ni el llamado a eso y el Señor nos lleva a ser misioneros en un país en el que vivimos en la pobreza absoluta y en la miseria, enfrentándonos a un llamado completamente diferente.
Pertenecemos a una iglesia que lleva años trabajando en un territorio específico con mucho fruto y Dios nos lleva a otro territorio, fuera de esa congregación en el que quizás no vemos el mismo resultado, pero ahí estamos, extrañando nuestros techos y muros.
Muchos de estos casos pueden generarnos culpa o hacernos sentir deudores de no continuar el legado que otros dejaron, pero esta escena de Batman nos recuerda que las caídas y frustraciones pueden llevarnos a entender que el Verdadero propósito del Evangelio no depende de lo que otros hicieron, sino de lo que el Señor está haciendo hoy en nosotros, y que aquel legado que otros dejaron es ni más ni menos que Cristo.
¿Por qué nos caemos?
El segundo punto de esta escena tiene que ver con el diálogo que sigue a continuación de lo que acabamos de analizar, mostrando que las caídas también forman parte del proceso.
Alfred se queda mirando al joven Bruce dolorido, entristecido y sintiendo que falló a su familia, a lo que él creía y a lo que sentía que fue llamado. Alfred, quien acompañó al joven Wayne desde su infancia, lo mira con ternura y le pregunta: “¿Por qué nos caemos? Para aprender a levantarnos”.
Bruce emocionado le dice: “Aún no has perdido la fe en mí, ¿cierto?”, dejando ver su necesidad de sentirse sostenido.
“NUNCA”, responde Alfred, en una respuesta que refleja fidelidad y amor incondicional.

Es aquí en donde, sin rebuscar demasiado, podemos analizar que las caídas pueden tener también el nombre de Dios. Así como Job terminó en el suelo, totalmente derrotado, tenía por encima al Creador del universo que nunca perdió la fe en él y así como lo vio caer, lo levantó.
Quizás estés pasando por una fuerte caída en tu vida en este momento, quizás sientes que al caer decepcionaste a alguien a quien quieres mucho, que te inspiró y que te enseñó, pero esta escena nos recuerda que todas las pruebas que nos llevan a lo más profundo de nuestro pozo, nos llevan a aprender a salir con un Padre que se acerca nuevamente, extiende su mano y nos pregunta con su firme, potente y al mismo tiempo dulce voz:
“¿Por qué nos caemos?”

Él está esperando a que tomes su mano y aprendas a levantarte, con las heridas que quedaron pero con el envión que te saca fuera del pozo, a la luz, para que puedas salir y responderle: “Para aprender a levantarnos.”
porque siete veces podrá caer el justo,
Proverbios 24:16
pero otras tantas se levantará;
los malvados, en cambio,
se hundirán en la desgracia.
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