Mirar hacia arriba: la postura de quienes han resucitado con Cristo
En el año 2008 el quiropráctico estadounidense Dean L. Fishman estudió y descubrió una nueva patología que estaba empezando a afectar a los seres humanos, y la bautizó con el nombre de síndrome del Tex Neck. Desde ese entonces esta problemática se agravó y dio origen a miles de estudios, informes y hasta proyecciones de lo que sucederá con las personas en los próximos años si continúan con ciertos hábitos destructivos. Este síndrome es nada más y nada menos que el Síndrome de la Joroba Tecnológica.
Se ha comprobado que inclinar el cuello hacia adelante en un ángulo de 60 grados añade una presión de 27 kilos a la columna. Y esto es lo que le ha estado sucediendo a cada uno de nosotros desde que tuvimos un teléfono celular por primera vez en nuestras manos. Desde ese entonces hemos estado comprimiendo cada día toda la zona cervical con un peso de hasta 7 veces más el peso de nuestra cabeza. Esto trae como consecuencia: Dolor en el cuello, hombros y parte superior de la espalda, rigidez en la columna y dificultad para mantener una postura erguida y para mirar hacia arriba, cefaleas causadas por tensión muscular, sensación de cansancio o pesadez en la zona cervical, compresión de la caja torácica, reduciendo el espacio para la expansión pulmonar y limitando el movimiento del diafragma, lo que genera una respiración superficial y poco eficiente, provocando fatiga, disminución de energía y reducción progresiva de la capacidad pulmonar total, trastornos digestivos, como reflujo ácido, compresión nerviosa con dolor irradiado, hormigueo o debilidad en brazos, desgaste prematuro de las articulaciones, aparición de hernias discales.
Además de esto, que ya es bastante, los científicos pronostican que el ser humano cambiará su morfología con el correr de los años.
Para visualizar estos cambios, los estudios presentaron a Mindy. “Mindy” es la representación de una mujer con las mutaciones que generaría el uso constante de la tecnología, con estas características: Dedos curvados como garras, codo doblado a 90 grados, un cráneo más grueso, espalda arqueada y encorvada, músculos del cuello más desarrollados, un segundo párpado que bloquee las ondas de luz azul, el cerebro más chico.
Si en lo físico, esta postura de vivir mirando permanentemente hacia abajo genera tanto trastorno, sostener la misma actitud en el ama y en el espíritu acarrean consecuencias desastrosas.
Caminar con la cabeza inclinada por los problemas no resueltos, cargar en la espalda con el peso de las angustias y las tristezas del pasado, sostener en la mano el odio, el resentimiento, y la falta de perdón, provocan en el ser humano una mutación espiritual. Hoy observamos una sociedad encorvada, tensionada, asfixiada, cansada, sin fuerzas para seguir adelante; con dolores de cabeza, con desgaste de las “articulaciones”, sin comunicación, sin proyectos, sin futuro.
Debemos entender que no estamos hechos para mirar hacia abajo, Dios nos creó para alzar nuestras cabezas.
Este es un llamado urgente a elevar nuestras miradas y nuestras vidas. Salir de la posición actual y enderezarnos. Así como la mujer que estuvo encorvada durante 12 años, y no pudo cambiar hasta que tuvo un encuentro con Jesús, así muchas personas vivirán sufriendo hasta que crean y reciban la gracia que viene de arriba.
Fíjense en el llamado de Dios. ¡Busquen las cosas de Arriba! ¡Eso definitivamente es un cambio corporal y espiritual! Un cambio de enfoque. Para buscar las cosas de arriba primero hay que mirar las cosas de arriba. Nadie puede buscar algo si mira en la dirección opuesta. No puedes buscar el condimento que está en la alacena, mirando hacia el bajo mesada. ¡Busque las cosas de Arriba! ¡Dios nos está diciendo, miren hacia el cielo!
¿Qué cosas hay en el cielo? En el cielo hay estrellas y las estrellas representan nada más ni nada menos que las promesas de Dios. Dios le dijo a Abram. ¡Sal fuera y mira las estrellas! Le estaba mostrando sus promesas, sus hijos, su descendencia. Millones y millones de ellos cuando no tenía ni uno. Hay promesas de Dios para cada uno de nosotros, para cada una de nuestras familias, grandiosas y preciosísimas promesas están a nuestra disposición para que no solamente las miremos, sino que las alcancemos.
Ahora bien, esto es así para los que han nacido de nuevo. “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba”. Las promesas y el acceso a ellas son sólo para los hijos y las hijas de Dios.
Cuando la Biblia habla de nacer de nuevo, en lo textual quiere decir nacer de arriba.
Los que pueden ver, buscar y encontrar las cosas de arriba son los que han nacido de arriba. Resucitar con Cristo es volver a nacer, es reconocer que estábamos muertos en delitos y pecados y que no habría salvación para nosotros a menos que Jesús muriera por nosotros. Cuando verdaderamente nos arrepentimos y reconocemos a Jesús como nuestro salvador, viene sobre nosotros la vida de arriba, la vida espiritual. Nacemos espiritualmente y somos hechos hijos de Dios.
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba”.
Esto tiene dos implicancias: Primero, a los que han nacido de nuevo, es una exhortación para cambiar de postura. ¿Si son hijos de Dios, que hacen con la cabeza gacha? ¿Qué hacen encorvados? ¡Si ustedes tienen la misma vida de Cristo a dentro suyo, por qué viven como si no lo tuviesen?! ¡¿Si el mismo poder que levantó a Cristo de los muertos vive en ustedes, por qué no lo usan?!¡Despierten! ¡Han resucitado con Cristo! ¡Tienen el poder más grande del mundo viviendo en ustedes! ¡No nacieron para vivir en derrota! ¡Nacieron para vivir en victoria! Dios no los resucitó para vivir asfixiados, desgastados, deprimidos. ¡Dios los levantó para caminar erguidos, ser bendecidos y ser de bendición! ¡No anden mirando el suelo, no se fijen en las cosas de la tierra, eleven sus miradas a las promesas de Dios! De Su papá. ¡Son herederos de cosas superiores! ¡Cambien su mirada! ¡Recuerden su identidad! ¡Recuerden en quien han creído! Su Redentor vive y ustedes también vivirán.
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba”.
Esto también es un chequeo espiritual para el resto de las personas. ¿Han nacido de nuevo? ¿Verdaderamente nacieron de arriba? ¿Se han arrepentido y le han entregado su vida a Cristo? ¿O solo se han acercado a una religión, o solo están probando que es lo que funciona para safar un poco de los problemas? Quizás sólo eres un simpatizante del evangelio, quizás te gusta algo de las prácticas de la iglesia, pero nunca entregaste tu vida a Cristo. Quizás solo dices ser cristiano, pero no hay vida espiritual en vos. ¡No puedes seguir así! Tenes que nacer de nuevo! Entrégale tu vida a Cristo y tendrás una nueva naturaleza.
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.”
Las estrellas son maravillosas. Nos deslumbran, contemplarlas nos rejala, nos trasmiten paz, inmensidad, grandeza. Todas y cada una de las promesas de Dios brillan para nosotros y están a nuestro alcance. Pero las estrellas no son lo más importante, lo más importante que vemos cuando levantamos la mirada es a Cristo, y a este sentado a la diestra de Dios. Porque todas las promesas se cumplen en Él. Levantamos la mirada al cielo para ver las estrellas, pero ellas nos guían para ver a Cristo. Así como los reyes siguieron la estrella y encontraron a Jesús en un pesebre, nosotros seguimos las promesas y encontramos a Jesús en su trono. Cristo sentado a la diestra de Dios es símbolo de Gloria y Autoridad.
Jesús venció a la misma muerte, al infierno, despojó a los principados y a las potestades y se sentó a la diestra del Padre. Cristo está investido de poder; pronto vendrá a celebrar su juicio, y toda persona sobre la faz de la tierra deberá comparecer ante él. El mundo no está a la deriva como muchos creen, no hay un cargo vacío, sino una persona que se sienta en el trono, que juzga con justicia y que pronto ejecutará ese juicio.
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.”
Las estrellas son las promesas de Dios, pero también son los mandamientos de Dios.
Los antiguos navegantes se orientaban por las estrellas para no desviarse y llegar a buen puerto. De la misma manera en nuestras vidas debemos guiarnos por los mandamientos de Dios. Esos mandamientos salen de ese trono de autoridad y poder. Los mandamientos de Dios no son sugerencias, son órdenes. Porque Dios sabe que si seguimos sus órdenes viviremos mejor que siguiendo nuestros propios criterios. Si vivimos por lo que nosotros pensamos, estrellaremos el barco, si seguimos los mandamientos de Dios tendremos vidas sanas, bendecidas y prosperadas.
Colosenses 3, luego de exhortarnos a poner la mirada en las cosas de arriba, nos enumera y detalla los mandamientos que debemos tener en cuenta si queremos transformar nuestras vidas: Hagan morir lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia. ¡Si han resucitado con Cristo, hagan morir la carne! Dejen también todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. ¡No se mientan los unos a los otros! Despójense del viejo hombre con sus hechos. Todo lo que Dios quiere es que nos despojemos del peso que nos impide elevarnos y alcanzar sus promesas.
La Biblia dice “pongan la mira en las cosas de arriba”. No dice pongan la mirada, dice pongan la mira. Son dos cosas muy distintas, quien pone la mirada solamente observa algo, quien pone la mira se enfoca para alcanzarlo. Poner la mira no es solamente mirar u observar, es apuntar para llegar. Poner la coordenada correcta en el GPS y dirigirse hacia ese destino.
Si queremos alcanzar las cosas de arriba debemos entender que nuestro corazón es el cohete y la fe es el combustible. Así como una nave espacial necesita cohetes y combustible para propulsarse, nuestra vida espiritual requiere poner atención al corazón y a la fe.
Te invito a llenar tu corazón de fe, escuchando la Palabra de Dios, para que puedas elevar tu vida a una nueva dimensión, donde Dios quiere dirigirte, posicionarte y bendecirte.
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